Jesús acudió a la sinagoga al mismo inicio de su ministerio y presentó un mensaje respecto al propósito de su presencia en el mundo: dar una mano a los necesitados y afligidos de toda clase social. Tomó el rollo del libro de Isaías y leyó: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos» (Luc. 4: 18, RV95). Este pasaje encierra un significativo mensaje. La expresión «ha ungido» en su forma hebrea (mashach) se deriva de la palabra mesías, que significa «el ungido». En la tradición judía, los profetas y los reyes eran ungidos en una ceremonia que incluía echar aceite sobre sus cabezas. La idea principal aquí es que Dios llamó a Jesús Y llama ahora a sus seguidores, ungiéndolos de la misma manera que los reyes Y los profetas. Eso les concede a los cristianos la autoridad y la responsabilidad de actuar de acuerdo con la voluntad divina.
Jesús libera a los prisioneros y a los cautivos.
Esta tarea implica predicar a los anavim que se traduce como los «afligidos» o «mansos», aquellos que están en una pobreza espiritual y material, y cuyos corazones están oprimidos por sus pecados. Finalmente, Jesús libera a los prisioneros y a los cautivos: el evangelio libera a la mente cautiva del pecado; él les brinda alivio Y paz.
El relato bíblico de Juan 9 presenta a Jesús mientras sana a un ciego de nacimiento. El pasaje también menciona el «estanque de Siloé». Ese estanque fue construido probablemente en el siglo I a. C., y sus ruinas fueron descubiertas en el año 2004. Ese descubrimiento es otra prueba de la historicidad de la Biblia y de sus enseñanzas. La palabra hebrea shiloah significa «enviado». Fue en ese mismo estanque donde Jesús envió al hombre ciego para que se lavara. Juan 9: 6- 7 dice: «Después de haber dicho esto, Jesús escupió en el suelo, hizo con la saliva un poco de lodo y se lo unto al ciego en los ojos. Luego le dijo: «Ve a lavarte al estanque de Siloé (que significa “enviado”). El ciego fue y se lavó, y cuando regresó ya podía ver». Al lavarse, el que una vez fue una persona afligida se convirtió en un hombre ungido que no solo glorificaba a Dios, sino que también testificaba acerca de su misericordia y amor sin haberlo visto con sus propios ojos.
Este relato bíblico demuestra el efecto que tiene el poder divino, de igual manera que compartir este evangelio es la tarea confiada a los cristianos.
PARA COMENTAR
- Como creyente, medita en tu experiencia con los pobres y necesitados que has encontrado a lo largo de tu vida.
- ¿Puedes pensar en algunos ejemplos bíblicos en los que la gente asumió la responsabilidad de ayudar a sus prójimos, no esperando nada a cambio?
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Lección de Escuela Sabática Para Jóvenes Universitarios 2019.
3er trimestre 2019 “Servir a los necesitados”
Lección 7: «Jesus y los pobres»
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
