Algunas culturas dan poco valor a tener hijos. Tal vez sea por causa del materialismo y el consumismo, o de las ideas posmodernas respecto a la estructura social. Por otro lado, algunas culturas le dan mucho valor. La autoestima y la identidad dependen en gran medida del hecho de tener descendencia.
No tener descendencia lleva a hacerse preguntas dolorosas sobre la existencia, el propósito de la vida, la identidad y el destino.
Cuando Isaías 56: 3 cita a un eunuco que afirma «Yo soy un árbol seco», está evocando el dolor, la angustia y el desasosiego asociados con la incapacidad de tener hijos. Así como un árbol seco no puede dar fruto, el eunuco no puede tener descendencia propia. Eso le lleva a hacerse preguntas dolorosas sobre la existencia, el propósito de la vida, la propia identidad y el destino. Jesús dijo: «Hay diferentes razones que impiden a los hombres casarse: unos nacen incapacitados para el matrimonio, a otros los incapacitan los hombres y otros viven como incapacitados por causa del reino de los cielos» (Mat. 19: 12). En otras palabras, algunos están sin hijos por causas naturales, otros por motivos externos y otros por elección personal.
A los eunucos se les niega una particular y especial bendición: tener hijos biológicos. Así como los eunucos no pueden tener hijos, muchos tampoco los pueden tener. Hoy hay personas entre nosotros que están solteras, viudas, huérfanas, refugiadas … solas por estas u otras razones: ya sea por naturaleza, por motivos externos, o por elección personal. Dios les promete un lugar en el reino si «respetan mis sábados, si cumplen mi voluntad y se mantienen firmes en mi alianza» (Isa. 56: 4). Entonces «yo les daré algo mejor que hijos e hijas; les concederé que su nombre quede grabado para siempre en mi templo, dentro de mis muros; les daré un nombre eterno, que nunca será borrado» (Isa. 56: 5).
Lo que Isaías está diciendo aquí es que Dios ofrece a los que sufren por estar solos una oportunidad especial para ser parte de la promesa del pacto. A pesar de las circunstancias, bien hayan sido elegidas o por casualidad, les brinda una oportunidad para que puedan difundir el evangelio y formar parte de la familia de Dios. En lugar de tener solo hijos biológicos y el «nombre de hijos e hijas», el Señor promete un nombre mejor, una abundancia de hijos espirituales, discípulos de todas partes, una experiencia espiritual en la propia casa de Dios, y el fin de la soledad y el aislamiento que genera la experiencia de ser «un árbol seco».
PARA COMENTAR
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Lección de Escuela Sabática Para Jovenes Universitarios 2019.
2do trimestre 2019 “Estaciones de la vida”
Lección 4: «Cuando Estamos Solos«
Colaboradores: Israel Esparza & Misael Morillo
