viernes , 23 octubre 2026
Matinal Para Adultos 2018

Esperanza y salvación

«Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna.

Dios, que no miente, prometió esta vida desde antes del principio de los siglos». Tito 1: 1-2

EN ESTOS VERSÍCULOS, EL APÓSTOL PABLO vincula el conocimiento de la verdad con «la esperanza de la vida eterna». En otras palabras, nos dice que la esperanza surge cuando conocemos a Dios en su Palabra. Cuando conocemos a Dios y ponemos nuestra confianza en él, nuestro corazón se llena de esperanza y crece nuestra vida espiritual.

El apóstol Juan dice: «Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (l Juan 3: 3). La esperanza y la fe son las manos que reciben la salvación ofrecida por Dios.

Nuestra esperanza como cristianos no es un espejismo en medio del desierto de esta vida. No es una ilusión ni una utopía. Está basada en las promesas de un Dios «que no miente». El apóstol Pablo destaca que nuestra esperanza está fundamentada sobre las promesas que Dios estableció a través de un juramento:

«Queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento, para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo» (Hebreos 6: 17-19).

La esperanza es el ancla del alma; produce estabilidad y nos mantiene seguros en medio de las tormentas de la vida. El salmista asegura que la misma tiene un origen divino, y la compara con la seguridad de una roca: «En Dios solamente reposa mi alma, porque de él viene mi esperanza. Solamente él es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré» (Salmo 62:5-6).

Si aceptamos la invitación de Cristo y nos aferramos a esta bendita esperanza, no habrá tormenta que pueda arrebatarnos la salvación. Así pues, Dios nos ofrece dirección y sentido en esta vida, además de protección para que lleguemos a buen puerto. Cuando las olas del temor y la preocupación nos amenacen, lancemos el ancla de la esperanza y confiemos en Dios.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Adultos 2018
“Fuentes De Vida¨
Por: David Javier Pérez

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