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Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad. Juan 17: 17, NVI.
Jacquelin, profesora de un colegio secundario, estaba suscripta a nuestra revista Hogar y salud. Cuando se mudó a mi territorio en 2006, comencé a atender su suscripción. Mediante estos contactos nuestra amistad creció, y un día me preguntó: «¿En qué creen realmente los adventistas del séptimo día?” Busqué alimentar su interés con una serie de textos bíblicos y materiales de lectura.
En 2007 Jacquelin se casó con Christopher. Desde ese momento y por los siguientes años, comenzamos a reunirnos para tener estudios bíblicos. Luego, ambos comenzaron a asistir a nuestros servicios de adoración, pero a mediados de 2010 me sorprendieron con el pedido de dejar los estudios bíblicos. No entendía qué estaba sucediendo, y sus respuestas eran vagas. Por supuesto, respeté su deseo y seguí orando por ellos, en especial porque también habían dejado de asistir a la iglesia. El único rayo de esperanza que me quedaba era que Jacquelin que seguía pidiendo libros.
Cuando salió el libro Hogar y salud, en 2010, fui a llevarle su ejemplar, y cuando la vi recibí la mayor sorpresa de mi vida. Me anunció con felicidad que ella y Christopher habían decidido ser bautizados en la Iglesia Adventista.
Entonces me contó por qué habían dejado de estudiar la Biblia seis meses antes. Estaban estudiando con otros dos grupos de diferentes iglesias para comparar las enseñanzas, y rotaban su asistencia a las iglesias. Con el paso del tiempo se dieron cuenta de que la Iglesia Adventista tiene toda la verdad bíblica. En enero de 2011 fueron bautizados y hoy están felices con su familia de la iglesia. La hermana Jacquelin ahora me compaña a distribuir la Palabra de Dios.
La siguiente cita de Elena de White me anima: «Cuando el colportor visita a la gente en sus hogares, a menudo tendrá la oportunidad de leerles pasajes de la Biblia o de los libros que enseñan la verdad, y al encontrar personas que la están buscando, puede tener estudios bíblicos con ellas. Estos estudios bíblicos son precisamente lo que la gente necesita, Dios usará en su servicio a quienes así manifiesten profundo interés en las almas que perecen» (Testimonios para la iglesia, t.6. p. 326).
Que Dios nos use como instrumentos para ganar almas es una tarea que no tiene precio.
Carolina Bolos, Filipinas
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
