Tanto en el culto público como en el privado, nos incumbe inclinarnos de rodillas delante de Dios cuando le dirigimos nuestras peticiones. Jesús, nuestro ejemplo, “puesto de rodillas, oró”. Lucas 22:41. Acerca de sus discípulos quedó registrado que también “Pedro puesto de rodillas, oró”. Hechos 9:40. Pablo declaró: “Doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Efesios 3:14. Cuando Esdras confesó delante de Dios los pecados de Israel, se arrodilló. Esdras 9:5. Daniel “hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios”. Daniel 6:10.—La Historia de Profetas y Reyes, 33, 34.
“El peligro de los entretenimientos que nos descalifican para la oración privada”
No será peligrosa cualquier diversión a la cual podáis dedicaros y pedir con fe la bendición de Dios. Pero cualquier diversión que os descalifique para la oración secreta, para la devoción ante el altar de la oración, o para tomar parte en la reunión de oración, no solo no es segura, sino peligrosa.—Mensajes para los Jóvenes, 384.
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LA ORACIÓN
CAPÍTULO 16- “LA ORACIÓN PRIVADA”
Por: Elena G De White
Colaboradores: Adriana Jiménez & América Lara
