Todo esto aconteció para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Emanuel (que significa: Dios con nosotros’)». Mateo 1:22, 23 (RV95).

Cada Navidad debemos detenernos ante el Niño del pesebre y adorarlo. Hacer menos que eso no sería digno de nosotros, ni de él. Es el Creador del mundo, y el que clava su cruz en el centro de la historia para darle sentido. Ya lo dijo Bernard Ramm: «Toda la historia es incomprensible sin Cristo». George Bancroft concuerda: «El nombre de Jesucristo lo encuentro escrito en cada página de la historia moderna». Y George Butrick le rinde este tributo: «Jesús dio un nuevo comienzo a la historia. En todo país él se halla en casa: en todas partes los hombres piensan que el rostro de él es como el mejor rostro de ellos —y como el rostro de Dios. Su nacimiento se celebra a través del mundo entero».*
Esta Navidad tendremos la oportunidad de dar y recibir regalos, pero no olvidemos que el mejor Regalo, aquel en el que se reúnen todos los regalos que perduran para siempre, se nos dio hace dos mil años, y sigue siendo actual. Y mientras meditamos en el nacimiento de tan glorioso Salvador, permitamos que nazca en el establo de nuestro corazón.
*Josh Mc Dowell, Evidencia que exige un veredicto (Miami, Florida: Editorial Vida, 1982), pp. 136, 137.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2019
«Volando Alto»
Por: Alfredo Campechano
Colaboradores: Abiur Juárez & Nay Badillo