«Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios».
Hechos 20: 24
Nuestra fortaleza espiritual y nuestro crecimiento en la gracia serán proporcionales a la labor de amor y las buenas obras que hagamos alegremente por nuestro Salvador, el cual no ha escatimado nada, ni siquiera su propia vida, para salvarnos.
Ciertamente, ninguno de nosotros se salvará únicamente por haber hecho buenas obras; pero sin buenas obras es imposible que alguien se salve. Después de haber hecho todo cuanto esté en nuestras manos, en nombre de la fuerza de Jesús deberemos decir: «Somos siervos inútiles» (Luc. 17: 10).— Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 225, 226.
Si poseemos las riquezas de la gracia de Cristo en nuestro corazón, no nos aferremos a ellas mientras la salvación de las almas dependa del conocimiento del camino de la salvación que podemos proporcionar. Quizá estas almas no vengan a nosotros y nos confien los anhelos de nuestro corazón, pero muchas están hambrientas, insatisfechas; y Cristo murió para que pudieran poseer las riquezas de su gracia. ¿Qué haremos para que esas almas puedan compartir las bendiciones que disfrutamos?— The Review and Herald, 6 de enero de 1910.
El crecimiento en la gracia se demuestra en una creciente capacidad para trabajar en favor de Dios. El que aprende en la escuela de Cristo sabrá cómo orar y cómo hablar por el Maestro. Comprendiendo que le falta sabiduría y experiencia, se pondrá bajo la tutela del Gran Maestro, sabedor de que solo así puede lograr perfección en el servicio de Dios. Cada día es más capaz de comprender las cosas espirituales. Al final de cada día de diligente labor, se halla más capacitado para ayudar a los demás.— The Review and Herald, 29 de abril de 1909.
Muchos de los que siguen a Cristo tienen que aprender todavía la lección esencial del contentamiento y la diligencia en los necesarios deberes cotidianos. Requiere más gracia, y más severa disciplina de carácter el trabajar para Dios como mecánico, negociante, abogado o agricultor, cumpliendo los preceptos del cristianismo en los negocios de la vida, que el trabajar como misioneros reconocidos.
Se requiere fortaleza espiritual para introducir la religión en el taller, la oficina, santificando los detalles de la vida cotidiana, y ordenando toda transacción de acuerdo con la norma de la Palabra de Dios, tal y como el Señor lo requiere.— Consejos para padres, maestros y alumnos, cap. 37, pp. 243, 244.
CRECIENDO EN LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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