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¿No es acaso el ayuno compartir tu pan con el hambriento y dar refugio a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no dejar de lado a tus semejantes? Isaías 58:7, NVI.
Brenda y yo solemos trabajar juntas, colportando en los hogares del norte de Trinidad. En una visita conocimos a una mujer que cuidaba a cuatro niños de dos a siete años. Los mayores eran Amanda de cinco, y Brandon de 7; los pequeños de dos años, Randy y Andy, eran mellizos. Esta mujer nos explicó que la madre de los niños los había abandonado cuando los mellizos tenían ocho meses, y como el padre tenía que trabajar muchas horas, ella los cuidaba durante el día. Nos invitó a quedarnos a comer.
Mientras Amanda alimentaba a sus hermanitos menores, noté que tenía una mirada muy triste, instintivamente supe que teníamos que hacer algo para ayudarlos. Dejamos algunas publicaciones, oramos juntos, y nos fuimos; pero no olvidarnos a esos pequeños.
Caminar en las pisadas de Jesús a menudo significa ayudar a la gente a encontrar soluciones para sus problemas. Así que fuimos a nuestra iglesia y tomamos una hermosa canasta de comida de nuestro centro de servicios a la comunidad. Volvimos a la casa para entregarla, y todos la recibieron con mucha gratitud.
Al conocer mejor a la familia, nos enteramos de que los niños más grandes no podían ir a la escuela por falta de documentos para la inscripción. Nos dedicamos a conseguirles esos documentos, y nuevamente lo apreciaron muchísimo. Tiempo después, cuando la iglesia comenzó una escuela sabática filial, buscábamos a los niños cada sábado, y a ellos les encantaba. Desde entonces los niños han estado asistiendo regularmente a la Iglesia Adventista.
Cinco años después de nuestra visita inicial se organizó una campaña evangelística, y los cuatro niños y su padre asistieron a todas las reuniones. El padre les dio permiso a Brandon y Amanda para ser bautizados. El padre asiste a la iglesia, pero no regularmente. Sin embargo, los niños oran fielmente para que su papá le entregue su corazón a Jesús.
En el colportaje podemos ser llamados a compartir comida con el hambriento, ayudar al necesitado, llevar a los niños a la escuela sabática y orar con ellos por sus papás. ¡Los colportores tienen la bendición de ser parte de las intervenciones de Dios, cambiando vidas!
Elena de White dice: «Cuánto más hagamos por los demás, mayor será nuestro amor por el trabajo, y mayor nuestra delicia en seguir al Maestro» (El colportor evangélico, p. 48).
Gertrude Rajnauth. Trinidad y Tobago
Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao
