sábado , 18 abril 2026
Lección E. Sabática 2017

EN JESUCRISTO

 

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”
(Rom. 8:1). ¿Qué significa “ninguna condenación”? ¿Ninguna condenación
de qué? Y, ¿por qué es una muy buena noticia?
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“En Cristo Jesús” es una frase común en los escritos paulinos. Que una persona
esté en Cristo Jesús quiere decir que ha aceptado a Cristo como su Salvador.
Confía en él implícitamente y ha decidido hacer suyo el modo de vida de Cristo.
El resultado es una estrecha unión personal con Cristo.
“En Cristo Jesús” contrasta con “en la carne”. También contrasta con la experiencia
detallada en el capítulo 7, donde Pablo describe como carnal a la persona
bajo condenación, antes de que se entregue a Cristo, lo que significa que es esclava
del pecado. Está bajo condenación de muerte (Rom. 7:11, 13, 24). Sirve a la “ley
del pecado” (Rom. 7:23, 25). Está en un estado terrible y miserable (Rom. 7:24).
Pero, entonces, la persona se entrega a Jesús, y se produce un cambio inmediato
en su posición delante de Dios. Quien anteriormente estaba condenado como
infractor de la Ley, ahora es perfecto a la vista de Dios, como si nunca hubiese
pecado, porque la justicia de Jesucristo lo cubre completamente. No hay más
condenación, no porque la persona sea irreprochable, sin pecado o merecedora
de la vida eterna (¡para nada!), sino porque el registro perfecto de la vida de Jesús
ocupa el lugar del registro de la persona; por consiguiente, no hay condenación.
Sin embargo, lo bueno no termina allí.

¿Qué libera a una persona de la esclavitud al pecado? Rom. 8:2.
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La frase “la ley del Espíritu de vida” se refiere al plan de Cristo para salvar a la
humanidad, en contraste con “la ley del pecado y de la muerte”, que en el capítulo
7 se describe como la ley con la que reinó el pecado, cuyo fin era la muerte. La
ley de Cristo, en cambio, produce vida y libertad.

“Todo aquel que rehúsa entregarse a Dios está bajo el dominio de otro poder.
No es su propio dueño. Puede hablar de libertad, pero está en la más abyecta
esclavitud. […] Mientras se lisonjea de estar siguiendo los dictados de su propio
juicio, obedece la voluntad del príncipe de las tinieblas. Cristo vino para romper
las cadenas de la esclavitud del pecado para el alma” (DTG 431). ¿Eres esclavo o
estás libre en Cristo? ¿Cómo puedes saberlo con certeza?

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Lección de Escuela Sabática Para Adultos 2017.
4to trimestre 2017 “Salvacion Solo Por La Fe”
Lección 9: «NINGUNA CONDENACIÓN»

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