Mateo 26: 31-35, 57, 58, 69-75
«Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer».
1 Corintios 10: 12, NVI
Cuando Cristo a la víspera de ser traicionado, amonestó de antemano a sus discípulos: <<Todos ustedes me abandonarán» (Mat. 26: 31, NVI), Pedro le dijo confiadamente: «Aunque todos te abandonen, yo no» (vers. 33). Pedro no tenía idea del peligro que corría, y lo descarrió la confianza propia. Se creyó capaz de resistir la tentación; pero pocas horas después le vino la prueba, y con maldiciones y juramentos negó a su Señor.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 13, p. 121.
Pedro no había querido que fuera conocido su verdadero carácter. Al asumir un aire de indiferencia, se había colocado en el terreno del enemigo y había caído fácil presa de la tentación. Si hubiera sido llamado a pelear por su Maestro, habría sido un soldado valeroso; pero cuando el dedo del escarnio lo señaló, se mostró cobarde. Muchos que no rehúyen una guerra activa por su Señor, son impulsados por el ridículo a negar su fe. Asociándose con aquellos a quienes debieran evitar, se colocan en el camino de la tentación. Invitan al enemigo a tentarlos, y se ven inducidos a decir y hacer lo que nunca harían en otras circunstancias. El discípulo de Cristo que en nuestra época disfraza su fe por temor a sufrir oprobio niega a su Señor tan realmente como lo negó Pedro en la sala del tribunal.— El Deseado de todas las gentes, cap. 75, p. 671.
Cuando el canto del gallo le hizo recordar las palabras de Cristo, sorprendido y emocionado por lo que acababa de hacer, se volvió y miró a su Maestro. En ese momento, Cristo miró a Pedro, y este se comprendió a sí mismo ante la triste mirada en la que se mezclaba la compasión y el amor hacia él. Salió y lloró amargamente, pues aquella mirada de Cristo quebrantó su corazón. Pedro había llegado al punto de la conversión, y amargamente se arrepintió de su pecado. [..] Entonces, desapareció su confianza propia. Nunca más se repitieron sus antiguas aseveraciones jactanciosas. [..]
Pedro cayó por su su suficiencia propia y fue restablecido de nuevo por su arrepentimiento y humillación. Cada pecador arrepentido puede encontrar estímulo en esa experiencia.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 13, pp. 122, 123.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
