El Señor es mi luz y mi salvación, ¿de quién podré tener miedo? El Señor defiende mi vida, ¿a quién habré de temer? Sal. 27:1.

Me había desplazado allí con el propósito de ir a cantar en unas campañas de evangelización que se estaban celebrando en Quitirrisí. Junto con doña Mayela, una misionera, pasamos cerca del Infiernillo, las dos en mi auto, a eso de las diez de la noche. Las calles estaban vacías y el silencio era total cuando, de pronto, oímos el ruido de una motocicleta. En seguida me puse en estado de alerta.
Seguí manejando como si nada hubiera pasado, pero la moto comenzó a perseguirnos a toda velocidad, hasta que se puso a la par nuestra. ¡¡¡Nos persiguen!!!, gritamos las dos al mismo tiempo y con la misma angustia. Los minutos que siguieron se nos hicieron eternos. Con sus maniobras, aquel hombre quería obligarnos a que nos bajáramos del auto y hacía ademanes de que nos quería matar. El sudor me corría por la frente. ¡¡¡Cúbrenos, Cristo, con tu sangre!!!, grité. Me preguntaba cómo íbamos a escapar de la muerte.
Antes de que aquel hombre tuviera tiempo de descargar su arma contra nosotras, de la nada y ocupando el medio y medio de la calle, apareció un autobús enorme y poco común que se atravesó a lo ancho de la carretera, dejando apenas espacio para un auto. Sabiendo que aquel espacio era nuestra vida, me animé a escabullirme por él. La intervención divina nos proveyó tanto el autobús como la capacidad para pasar por aquel espacio. El maleante nos perdió el rastro en las sombras de la noche
Dios es quien te da fuerza; es la luz en tu oscuridad; es tu salvación. Cuando pases por tu Infiernillo particular, confía en él.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2020
“Un día a la vez”
Por: Patricia Muñoz Bertozzi
Colaboradores: Rosita Almazo & Esther Jiménez