sábado , 12 septiembre 2026
Devocional Vespertino 2025

«EN DEUDA»

«Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores».

Mateo 6: 12

Se pide aquí una gran bendición bajo ciertas condiciories. Nosotros mismos exponemos las condiciones. Estamos pidiendo que la misericordia de Dios hacia nosotros sea medida según la misericordia que nosotros manifestamos a los demás. Cristo declara que esta es la regla que el Señor nos aplica en su trato con nosotros: «Porque si, perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre perdonará a ustedes las suyas» (Mat. 6: 14, 15, NVI). .¡Condiciones maravillosas, pero cuán poco se las entiende o se hace caso a ellas! Uno de los pecados más comunes, al cual acompañan los resultados más dañinos, es el abrigar un espíritu no perdonador. ¡Cuántos hay que albergan la animosidad,o la venganzay luego se inclinan ante Dios y piden ser perdonados así como ellos perdonan! Seguramente no comprenden verdaderamente el significado de esta oración, de lo contrario no se atreverían a pronunciarla. Dependemos de la misericordia perdonadora de Dios todos los días y a cada hora; ¡Cómo pues podemos abrigar amargura y malicia hacia aquellos que, como nosotros, son también pecadores!— Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 159.

El hecho de que estamos bajo una obligación tan grande hacia Cristo nos coloca bajo la más sagrada obligación hacia aquellos por quienes él murió y anhela rescatar. Debemos manifestar hacia ellos la misma simpatía, la misma compasión y amor desinteresado que Cristo manifestó hacia nosotros.— Ibíd., pp. 158, 159.

El que no perdona suprime el único conducto por el cual puede recibir la misericordia de Dios. No debemos pensar que a menos que confiesen su culpa los que nos han hecho daño, tenemos razón para no perdonarlos. Sin dudas es su deber humillar sus corazones por el arrepentimiento y la confesión; pero hemos de tener un espíritu compasivo hacia los que han pecado contra nosotros, confiesen o no sus faltas. Por mucho que nos hayan ofendido, no debemos pensar de continuo en los agravios que hemos sufrido ni compadecernos de nosotros mismos por los daños. Así como esperamos que Dios nos perdone nuestras ofensas, debemos perdonar a todos los que nos han hecho mal.

Cuando vamos a Dios, la primera condición que se nos impone es que, al recibir de él misericordia, nos prestemos a revelar su gracia a los demás.— El discurso maestro de Jesucristo, cap. 5, pp. 173, 175.

SOLO POR GRACIA

Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García

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