«No temas ni te desalientes, porque el propio Señor irá delante de ti. Él estará contigo; no te fallará ni te abandonará». Deuteronomio 31:8.
Tuve que llevar rápidamente a mi hijo al hospital. Sufría un dolor inmenso y toda la familia estaba preocupada. Llamé a una ambulancia porque ni siquiera podía caminar, tenía mucho dolor.
Ya en el hospital, el médico escuchó atentamente mi desesperación como madre, examinó al niño e hizo anotaciones en un papel. Cuando terminó, pidió varias pruebas y escribió en letras grandes: ¡Urgente!
Esto significaba que los exámenes debían realizarse de inmediato y lo más rápido posible. Estábamos cansados, era temprano en la mañana; pero al menos la medicina alivió el dolor. Gabriel tenía sueño, pero no podíamos volver a casa la situación era urgente y había que resolverla.
Oramos en todo momento. En la ambulancia, en el hospital, durante los exámenes, cuando estábamos con él. Pedí un milagro y una respuesta. Pedí que los exámenes mostraran lo que tenía mi hijo. Cuando regresamos con los exámenes hechos, el médico mencionó que mi hijo tenía gastritis severa, un tipo de dolor de estómago.
El tratamiento sería largo, pero alabamos mucho al Señor porque el dolor se había ido. El dolor no es para siempre, ni siquiera los más urgentes. El dolor es pasajero.
Mi oración: Querido Dios, te agradezco por cuidar de mí en todo momento.
Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2025.
“PALABRITAS DEL CORAZÓN”
Por: «SARAH SUZANE BERTOLLI & ROGERIO CHIMELLO »
Colaboradores: Liseth Orduz y Karla González
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