jueves , 17 septiembre 2026
Matinal Para Jóvenes 2019

ELECCIÓN

José es un retoño fértil, fértil retoño junto al agua, cuyas ramas trepan por el muro. Génesis 49:22 (NVI).

Zafnat-panea se apresuró a subir a su carro. Tras décadas de separación, su familia se aproximaba a Egipto. Las lágrimas y las noches en vela suspirando por su padre Jacob y su hermano Benjamín estaban por quedar atrás.

Aún recordaba cuando su nombre era José, y comentó con su familia unos recurrentes y enigmáticos sueños. En un sueño se veía cosechando el trigo con sus hermanos, y los manojos de ellos se doblaban ante el suyo. Sus hermanos discernieron el mensaje y replicaron: «¿Crees que vas a reinar sobre nosotros» (Gén. 37:8, NVI)? Al odio que sentían por José, quien informaba a su padre de su mala conducta, se añadió la envidia. En el otro sueño, José vio que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante él (vers. 9). Aunque José era el consentido de Jacob, por haberlo engendrado con Raquel, su esposa favorita, al anciano le molestó esa revelación: «¿Qué quieres decirnos con este sueño que has tenido? —le preguntó—. ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a hacerte reverencias?» (vers. 10, NVI).

Cierta vez, Jacob le obsequió a José un costoso vestido de colores. Fue un grave error. Los hijos de Lea, Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón no recibían tantas atenciones. Y los de las concubinas Bilha y Zilpa, Dan, Neâalí, Gad y Aser, menos. Ellos albergaban sentimientos criminales contra su hermano. Sobre todo, Simeón, el hijo de Lea, deseaba matarlo. Solo Benjamín amaba a José.

Ser el hijo consentido puede ser muy arriesgado; pero José también parecía ser el «consentido» de Dios. Sus hermanos debieron darse cuenta de que si Dios tenía para su hermano un glorioso porvenir, era necesario buscar a ese Dios que sabe premiar a sus fieles, pero fueron cegados por la envidia.

Si tu hermano o tu hermana juega el papel de consentido, no lo odies. Los consentidos suelen ser muy vulnerables. En muchos casos la actitud de los padres hacia ellos les produce debilidad, por lo que tienden a acobardarse ante los desafíos. Pero aunque ser un consentido de tus padres puede acarrearte dificultades, sí te recomiendo ser un «consentido» de Dios, ello  te acarreará ricas bendiciones.

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Tomado de: Lecturas Devocionales para Jóvenes 2019
«Volando Alto»
Por: Alfredo Campechano
Colaboradores: Abiur Juárez & Nay Badillo

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