
Los cristianos son elevados en su conversación, y aunque creen que es un pecado condescender con la lisonja necia, son corteses, bondadosos y benévolos. Sus palabras son palabras de sinceridad y verdad. Son fieles en su trato con sus hermanos y con el mundo. En su vestido evitan lo superfluo y ostentoso, pero su ropa es prolija, modesta, no llamativa y es llevada con orden y gusto. Se tendrá especial cuidado en vestir en una forma que muestre sagrado respeto por el santo sábado y el culto de Dios.
La línea de demarcación entre una clase tal y el mundo será demasiado clara para ser confundida. La influencia de los creyentes sería diez veces mayor si los hombres y las mujeres que aceptan la verdad, que han sido anteriormente descuidados en sus hábitos, fuesen tan elevados y santificados por la verdad que observasen hábitos de prolijidad, orden y buen gusto en su vestuario. Nuestro Dios es un Dios de orden, y en ningún grado le complacen el descuido, la suciedad o el pecado.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
Sección 12—LOS VESTIDOS Y LOS ADORNOS—Capítulo 118—
Por: Elena G De White
Colaboradores: Liseth Orduz & América Lara