«Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que veas». Apocalipsis 3: 18, RVA15
EL GRAN REDENTOR se presenta como un mercader celestial cargado de riquezas, que llama de casa en casa para presentar su valiosa mercadería.— The Review and Herald, 23 de julio de 1889.
Debemos hacer que los compradores y los vendedores se alejen del templo del alma, para que Jesús haga su morada dentro de nosotros. Ahora está a la puerta del corazón como mercader celestial. Él dice: «Ábranme, compren de mí las mercaderías celestiales. Compren de mí el oro probado en fuego». Compremos fe y amor, los atributos preciosos y hermosos de nuestro Redentor. […] Él nos invita a comprar el vestido blanco, el cual es su gloriosa justicia; y el colirio, para que podamos discernir las cosas espirituales. ¿No abriremos la puerta del corazón a este visitante celestial?— Bible Echo, 15 de enero de 1892.
No podemos proporcionarnos nosotros mismos un vestido de justicia, porque el profeta dice: «Todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia» (Isaías 64: 6, NVI). No hay nada en nosotros con lo que podamos vestir el alma para que no aparezca su desnudez. Debemos recibir el vestido de justicia tejido en el telar del cielo, el ropaje inmaculado de la justicia de Cristo.— The Review and Herald, 19 de julio de 1892.
El ojo es la conciencia sensible, la luz interior de la mente. La salud espiritual del alma y el ser depende de su consideración correcta de las cosas. El «colirio», la Palabra de Dios, aviva la conciencia bajo su aplicación, porque convence de pecado. Pero el avivamiento es necesario para que siga la curación, y el ojo sea puro para captar la gloria de Dios. […] Cristo dice: «Puedes comprar el oro, el vestido y el colirio para que veas, renunciando a tu suficiencia propia, deponiendo todas las cosas, no importa cuánto las aprecies».— The Review and Herald, 23 de noviembre de 1897.
El Salvador viene con joyas de la verdad del valor más elevado, que se distinguen claramente de todas las falsificaciones, de todo lo que es espurio. Él va a cada casa, a cada puerta. Está golpeando, presentando su tesoro inapreciable, y urgiendo: «Cómprame».— Carta 66, 1894.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel

