Algunos criticaban a Pablo porque trabajaba con las manos, declarando que era incompatible con la obra del ministro evangélico. ¿Por qué Pablo, un ministro de la más elevada categoría, vinculaba así el trabajo mecánico con la predicación de la Palabra? ¿No era el obrero digno de su salario? ¿Por qué dedicaba a hacer tiendas el tiempo que a todas luces podía dedicarse a algo mejor?
Pablo no consideraba perdido el tiempo así empleado. Mientras trabajaba con Aquila se mantenía en relación con el gran Maestro, sin perder ninguna oportunidad para testificar a favor del Salvador y ayudar a los necesitados. Su mente estaba constantemente en procura de conocimiento espiritual. Daba instrucción a sus colaboradores en las cosas espirituales, y ofrecía también un ejemplo de laboriosidad y trabajo cabal. Era un obrero rápido y hábil, diligente en los negocios, ardiente «en espíritu; sirviendo al Señor». Romanos 12:11. Mientras trabajaba en su oficio, el apóstol tenía acceso a una clase de gente que de otra manera no hubiera podido alcanzar. Mostraba a sus asociados que la habilidad en las artes comunes es un don de Dios, quien provee tanto el don como la sabiduría para usarlo correctamente. Enseñaba que aun en el trabajo de cada día, ha de honrarse a Dios. Sus manos encallecidas por el trabajo no menoscababan en nada la fuerza de sus patéticos llamamientos como ministro cristiano (Los hechos de los apóstoles, p. 283).
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas». Dios desea el amor que se expresa en un servicio cordial, en un servicio del alma, en el servicio de las facultades físicas. No debemos hacernos pequeños en cualquier clase de servicio para Dios. Cualquier cosa que él nos haya prestado debe usarse inteligentemente para él. El que ejercita sus facultades seguramente las vigorizará; pero debe procurar hacer lo más que puede. Se necesita inteligencia y una habilidad educada para idear los mejores métodos de agricultura, en construcciones y en cualquier otro ramo para que el obrero no trabaje en vano…
Hay algo para aprender cada día en cuanto a cómo mejorar la manera de trabajar a fin de cumplir el trabajo y tener tiempo para algo más. El deber de cada obrero es dar no solo su vigor sino su mente e intelecto en todo lo que emprende. Algunos que se ocupan en las tareas domésticas están siempre trabajando, no porque tengan tanto que hacer, sino porque no hacen planes para ahorrar tiempo… Podéis elegir ser rutinarios en una conducta equivocada por no estar dispuestos a ocuparos de vosotros mismos para reformaros, o podéis cultivar nuestras facultades para que rindan el mejor servicio posible, y entonces series solicitados en cualquier parte y en todas partes (Fundamentals of Christian Education, pp. 315, 316; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 5, p. 1087).
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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2020.
4to. trimestre 2020 “COMO INTERPRETAR LA BIBLIA”
Lección 11: «EL CRISTIANO Y EL TRABAJO»
Colaboradores: Rosalyn Angulo & Esther Jiménez A
