El Sistema Automático de mi Auto

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¿No son todos los ángeles espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación? Hebreos 1:14, NVI.

Salí a vender libros a un lugar ubicado a diez kilómetros de la ciudad. Estacioné mi auto frente al edificio de los posibles clientes, y al hacerlo noté que había una alcantarilla profunda exactamente detrás de mi auto, y traté de no olvidarlo cuando saliera. Entré en el edificio y les presenté mis libros a los empleados durante 30 minutos.

Cuando termine, salí me dirigí hacia el edificio de la Cámara de Comercio, ubicado al lado del edificio de mis clientes. Dudé, porque había conocido al gerente y no me había autorizado a presentarles los libros a sus empleados. Pero ese día me enteré, por los guardias de seguridad que estaban afuera del edificio, que había un nuevo gerente a cargo. “Es un buen hombre», me dijeron.

La noticia me dio ánimo, así que fui hasta mi auto, tomé más libros, cerré el coche, y entré en la Cámara de Comercio, donde hablé con el gerente y los empleados. Veinte minutos más tarde, a las 18: 15 volví a mi auto. Pero ya no estaba donde lo había dejado. «¿Dónde está mi auto? —me pregunte ¿Alguien lo movió o lo robó?»

Miré hacia todos lados, y lo vi estacionado a unos 30 metros de donde yo lo había dejado. Me quedé mirándolo, preguntándome cómo había ido a parar allá, ya que yo tenía las llaves del auto conmigo. Al acercarme al auto, varias personas me preguntaron. «¿Este es su auto? ¿Qué tipo de sistema automático tiene?” Yo no entendí a que se referían con «sistema automático». Entonces me contaron cómo el auto había arrancado, retrocedido rodeando la alcantarilla y unas motocicletas que estaban estacionadas, y se había estacionado donde lo encontré. No vieron a nadie conduciendo el auto. La escena atrajo la atención de todos los que pasaban.

Lo único que pude decirles es que yo tenía las llaves, y que el auto estaba cerrado. Pensé: «Mi Dios debe de haber mandado su ángel para mover mi auto». Como era tarde, Dios sabía que la alcantarilla era un peligro para mí, estando tan lejos de la ciudad. Estoy segura de que mi ángel guardián movió mi auto para protegerme.
Volví a la ciudad cantando himnos de alabanza, glorificando a Dios. Su promesa es segura y las cumple fielmente. Dios está a nuestro lado cuando estamos cumpliendo la misión que nos encomendó.

 

M. Helene Shyirakera, Burkina Faso

Tomado de: Matinal para Colportores 2015
«Encuentros con la gracia de Dios»
Compilado por Howard Faigao

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