EL REINO DE LA GRACIA
«¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!».
Juan 1: 29, RVA15
Daniel se le dio una visión de fieras salvajes, que representan los poderes de la tierra. Pero el símbolo del reino del Mesías es un cordero. Mientras los reinos de la tierra dominan basándose en el ascendiente del poderío físico, Cristo había de descartar toda arma camal, todo instrumento de coerción. Su reino se establecería para elevar y ennoblecer a la humanidad caída.— Comentario bíblico adventista, t, 4, p. 1193.
Para Adán el ofrecimiento del primer sacrificio fue una ceremonia muy dolorosa. que alzar la mano para quitar una vida que solo Dios podía dar. Mientras mataba a la inocente víctima temblaba al pensar que su pecado haría derramar la sangre del Cordero inmaculado de Dios, Esta escena le dio un sentido más profundo y claro de la enormidad de su transgresión, que nada sino la muerte del querido Hijo de Dios podía expiar. Y se admiró de la infinita bondad que daba semejante rescate para salvar a los culpables.— Patriarcas y profetas, cap. 4, pp. 48-49.
Los símbolos y las sombras de los sacrificios ceremoniales, junto con las profecías, dieron a los israelitas una visión velada y borrosa de la misericordia y la gracia que habían de ser traídas al mundo mediante la revelación de Cristo. Únicamente mediante Cristo puede el hombre guardar la ley moral. Por la transgresión de esa ley, el ser humano introdujo el pecado en el mundo, y con el pecado vino la muerte. Cristo llegó a ser la propiciación por los pecados de la raza humana. Ofreció la perfección de su carácter en lugar de la pecaminosidad del ser humano. Tomó sobre sí mismo la maldición de la desobediencia. Los sacrificios y las ofrendas señalaban el sacrificio que iba a realizar. El cordero sacrificado simbolizaba al Cordero que había de quitar el pecado del mundo.
La ley y el evangelio están en perfecta armonía. Se sostienen mutuamente. La ley se presenta con toda su majestad ante la conciencia, haciendo que el pecador sienta su necesidad de Cristo como la propiciación de los pecados. El evangelio reconoce el poder e inmutabilidad de la ley. «Yo no conocí el pecado sino por la ley» (Rom. 7: 7), declara Pablo. La convicción del pecado e impele al pecador hacia el Salvador. En su necesidad, el ser humano puede presentar el poderoso argumento suministrado por la cruz del Calvario. Puede demandar la justicia de Cristo, pues es impartida a todo pecador arrepentido.— Mensajes selectos, t. 1, pp. 279, 283.
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
