domingo , 26 abril 2026
Lección de Menores 2024

EL SERVIDOR SUPREMO

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR

«Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho» (Juan 13: 14).

MENSAJE

Compartimos el amor de Dios con los demás cundo servimos.

REFERENCIAS

Juan 13:1-1 7; Lucas 22:7-13; El Deseado de todas las gentes; cap. 71 ; Creencias fundamentales 16, 21, 9.

 

¿Has hecho tú alguna vez un trabajo desagradable por otra persona? ¿Estarías dispuesto a hacer lo mismo en favor de alguien que te ha tratado con aspereza? Eso es lo que hace un verdadero servidor.

-Ahí está! -exclamó Pedro-. Tal como dijo Jesús. -¿Dónde? -preguntó Juan. -Cerca del vendedor de canastos. ¿Lo ves? Lleva un cántaro con agua. Vamos rápido porque va en dirección a esa casa.

Los dos discípulos siguieron al hombre, lo cual no fue difícil, porque era el único varón que llevaba un cántaro con agua, ya que ese era trabajo de las mujeres. Pedro se alegró porque Jesús les había pedido que hicieran los preparativos para la cena de aquella noche. Cuando el hombre del cántaro entró por el pórtico de la casa, ellos lo siguieron.

El dueño de la casa estaba cerca de la puerta. Siguiendo las instrucciones de Jesús, Pedro le dijo:

-El Maestro nos manda a preguntarte cuál es la habitación donde puede comer la Pascua con sus discípulos.

Aquel hombre los condujo a un amplio aposento situado en el segundo piso, provisto de todo lo necesario. Pedro y Juan miraron a su alrededor. No había mucho que hacer., porque ya todo estaba preparado.

Atendieron algunos detalles y dejaron todo listo. Solo faltaba la comida. Pedro casi tropezó con el cántaro de agua que el hombre había llevado. Comprendió que el sirviente había llevado agua para que se lavaran los pies antes de comer.

De pronto la puerta se abrió y entraron el dueño de la casa seguido por sus cocineros, que llevaban la comida de la Pascua.

Cuando llevaron el cordero asado a la mesa, los demás discípulos entraron en el aposento. Miraron a su alrededor y comenzaron a discutir en qué lugar preferencial se sentaría cada uno. Ni siquiera vieron cuando Jesús entró con el rostro triste. Parecía que sus pensamientos estaban en otro lugar. Judas se abrió paso hasta el asiento que estaba junto al de Jesús.

Los discípulos dejaron de hablar entre ellos y se sosegaron. Miraron a Jesús y esperaron que dijera algo. El silencio les pareció muy largo. Finalmente, Jesús se levantó y se colocó una toalla alrededor de la cintura. Después echó agua en un recipiente y lo puso frente a Judas para lavarle los pies, aunque ya sabía que Judas lo traicionaría.

Judas se sintió mal, pero no dijo nada. Esperaba que su cara no revelara la traición que había cometido contra Jesús antes de llegar allí.

Los demás discípulos, confundidos, guardaron silencio. Jesús avanzó lentamente lavando los pies a cada discípulo. Cuando le tocó el turno a Pedro, este extendió las manos como para detener a Jesús. Rompió el silencio diciendo con firmeza:

-Jesús, tú no me lavarás los pies. Jesús lo miró con ternura y le dijo:

-Pedro, si no te lavo los pies, no podrás estar conmigo.

-Entonces, Señor, lávame todo el cuerpo -exclamó Pedro con ansiedad.

-Eso no es necesario -contestó Jesús-. El que está recién bañado no necesita lavar todo el cuerpo, sino solo los pies.

Pedro se tranquilizó, volvió a sentarse y dejó que Jesús le lavara los pies.

Jesús lavó los pies a Juan en último lugar. Juan fue el único de los discípulos que comprendió lo que Jesús estaba haciendo. Aunque no dijo nada, Jesús podía ver en sus ojos la gratitud que sentía.

Cuando Jesús terminó su tarea volvió a su asiento. Miró a cada uno de los discípulos y luego dijo:

-Si yo, el Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros. Porque ejemplo les he dado, para que como yo he hecho, ustedes también lo hagan. Si lo hacen, recibirán bendiciones.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR

«Yo les he dado un ejemplo, para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho» (Juan 13: 14).

MENSAJE

Compartimos el amor de Dios con los demás cundo servimos.

REFERENCIAS

Juan 13:1-1 7; Lucas 22:7-13; El Deseado de todas las gentes; cap; 71 ; Creencias fundamentales 16,21,9.

El Servidor supremo

¿Has hecho tú alguna vez un trabajo desagradable por otra persona? ¿Estarías dispuesto a hacer lo mismo en favor de alguien que te ha tratado con aspereza? Eso es lo que hace un verdadero servidor.

-Ahí está! -exclamó Pedro-. Tal como dijo Jesús. -¿Dónde? -preguntó Juan. -Cerca del vendedor de canastos. ¿Lo ves? Lleva un cántaro con agua. Vamos rápido porque va en dirección a esa casa.

Los dos discípulos siguieron al hombre, lo cual no fue difícil, porque era el único varón que llevaba un cántaro con agua, ya que ese era trabajo de las mujeres. Pedro se alegró porque Jesús les había pedido que hicieran los preparativos para la cena de aquella noche. Cuando el hombre del cántaro entró por el pórtico de la casa, ellos lo siguieron.

El dueño de la casa estaba cerca de la puerta. Siguiendo las instrucciones de Jesús, Pedro le dijo:

-El Maestro nos manda a preguntarte cuál es la habitación donde puede comer la Pascua con sus discípulos.

Aquel hombre los condujo a un amplio aposento situado en el segundo piso, provisto de todo lo necesario. Pedro y Juan miraron a su alrededor. No había mucho que hacer., porque ya todo estaba preparado.

Atendieron algunos detalles y dejaron todo listo. Solo faltaba la comida. Pedro casi tropezó con el cántaro de agua que el hombre había llevado. Comprendió que el sirviente había llevado agua para que se lavaran los pies antes de comer.

De pronto la puerta se abrió y entraron el dueño de la casa seguido por sus cocineros, que llevaban la comida de la Pascua.

Cuando llevaron el cordero asado a la mesa, los demás discípulos entraron en el aposento. Miraron a su alrededor y comenzaron a discutir en qué lugar preferencial se sentaría cada uno. Ni siquiera vieron cuando Jesús entró con el rostro triste. Parecía que sus pensamientos estaban en otro lugar. Judas se abrió paso hasta el asiento que estaba junto al de Jesús.

Los discípulos dejaron de hablar entre ellos y se sosegaron. Miraron a Jesús y esperaron que dijera algo. El silencio les pareció muy largo. Finalmente, Jesús se levantó y se colocó una toalla alrededor de la cintura. Después echó agua en un recipiente y lo puso frente a Judas para lavarle los pies, aunque ya sabía que Judas lo traicionaría.

Judas se sintió mal, pero no dijo nada. Esperaba que su cara no revelara la traición que había cometido contra Jesús antes de llegar allí.

Los demás discípulos, confundidos, guardaron silencio. Jesús avanzó lentamente lavando los pies a cada discípulo. Cuando le tocó el turno a Pedro, este extendió las manos como para detener a Jesús. Rompió el silencio diciendo con firmeza:

-Jesús, tú no me lavarás los pies. Jesús lo miró con ternura y le dijo:

-Pedro, si no te lavo los pies, no podrás estar conmigo.

-Entonces, Señor, lávame todo el cuerpo -exclamó Pedro con ansiedad.

-Eso no es necesario -contestó Jesús-. El que está recién bañado no necesita lavar todo el cuerpo, sino solo los pies.

Pedro se tranquilizó, volvió a sentarse y dejó que Jesús le lavara los pies.

Jesús lavó los pies a Juan en último lugar. Juan fue el único de los discípulos que comprendió lo que Jesús estaba haciendo. Aunque no dijo nada, Jesús podía ver en sus ojos la gratitud que sentía.

Cuando Jesús terminó su tarea volvió a su asiento. Miró a cada uno de los discípulos y luego dijo:

-Si yo, el Señor y Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros. Porque ejemplo les he dado, para que como yo he hecho, ustedes también lo hagan. Si lo hacen, recibirán bendiciones.

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Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
1er Trimestre 2024 
Lección 11: «EL SERVIDOR SUPREMO»
Colaboradores: Hermanitas Noisette, Jeanniree y Jeanneris y Adriana Jiménez

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