EL REY DE LA GRACIA Y SUS SÚBDITOS
<<¡Ábranse, puertas eternas! ¡Quédense abiertas de par en par, y entrará el Rey de la gloria! ¿Quién es este Rey de la gloria? ¡Es el Señor, el fuerte y valiente! ¡Es el Señor, valiente en la batalla!».
Salmo 24: 7, 8, DHH
Cristo vino a la tierra como Dios en forma humana. Ascendió al cielo como Rey de los santos. Su ascensión fue digna de su exaltado carácter. Fue como alguien poderoso en batalla, vencedor, que llevaba cautiva la cautividad. Fue acompañado por la hueste angélica, entre aclamaciones de alabanza e himnos celestiales.— Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1053.
Los discípulos no solamente vieron ascender al Señor; sino que tuvieron el testimonio de los ángeles en el sentido de que había ido a ocupar el trono de su Padre. El resplandor de la escolta celestial y la apertura de las gloriosas puertas de Dios para darle la bienvenida no habrían de ser discernidos por ojos mortales. Si se les hubiera revelado a los discípulos el viaje de Cristo al cielo con toda su indecible gloria, no habrían podido soportar la visión. Sus sentidos no deberían infatuarse con las glorias del cielo de tal modo que perdieran de vista el carácter de Cristo en la tierra que ellos mismos debían copiar. Debían mantener nítidamente delante de sus mentes la hermosura y majestad de su vida, la perfecta armonía de todos sus atributos, y la misteriosa unión de lo divino y lo humano en su naturaleza. Su ascensión visible de este mundo estaba en armonía con la humildad y la serenidad de su vida.— The Spirit of Prophecy, t. 3, pp. 254, 255.
¡Qué fuente de gozo era para los discípulos saber que tenían en los cielos un Amigo capaz de defenderlos! Por medio de la visible ascensión de Cristo cambiaron todas sus ideas y conceptos con respecto al cielo. Lo consideraban ahora su futuro hogar, donde su amante Redentor estaba preparando mansiones para ellos. La oración se revistió de un nuevo interés, puesto que era comunión con su Salvador.
Tenían un evangelio que predicar: Cristo en forma humana, varón de dolores; Cristo en su humillación, a sido por manos impías y crucificado; Cristo resucitado, que ascendió a los cielos, para ser el Abogado del hombre en presencia de Dios; Cristo que había de venir con poder y gran gloria en las nubes de los cielos.— Ibid., pp. 262, 263.
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
