«Entonces la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros- (Juan 1:14)
Ethel, mi vecina de abajo, y yo escuchamos las sirenas de los camiones de bomberos pasar por nuestra calle esa mañana, y ambas salimos a ver cuál era la casa que estaba incendiándose. Seguimos al camión cuando dobló la esquina y vimos una multitud reunida frente a un hogar en llamas. Se podía escuchar el crepitar de la madera y vimos humo saliendo de cada ventana. Fue terrible ver tanta destrucción. Escuché a una señora cerca de mí decir en voz alta: «Imagínate las posesiones y los recuerdos de toda tu vida convirtiéndose en humo». Como mujeres, podíamos fácilmente compadecernos ante una situación así.
Ethel y yo estábamos paradas al lado de una señora que estaba llorando. Supimos que era la dueña, porque repetía vez tras vez: «Señor, no puedo creer que me esté pasando esto de nuevo». Nos dijo que era la segunda vez que su casa era destruida por el fuego. Ethel la abrazó y dijo:
—Sé cómo te sientes.
La mujer enjugó las lágrimas de sus ojos, miró a Ethel y preguntó:
—¿Alguna vez se quemó tu casa?
Una Ethel evidentemente reprendida respondió suavemente:
—No..
Nadie puede conocer el profundo sentimiento de pérdida, el trauma emocional, la completa frustración e impotencia que se experimenta ante tal tragedia, a menos que le haya pasado lo mismo. Entonces, y solo entonces, podemos decir verdaderamente: «Sé cómo te sientes»
Este trágico incidente trajo a mi mente la encarnación de Cristo, según está descrita en Hebreos 4:15: «Nuestro Sumo Sacerdote comprende nuestras debilidades». Al venir a la tierra en forma de bebé, Cristo aprendió por experiencia propia qué significa ser humano. Él estuvo expuesto a lo bueno, a lo malo y a las experiencias traumáticas de la humanidad.
Ethel tenía buenas intenciones cuando dijo a la dueña de la casa que sabía cómo se sentía, pero no la ayudó a mitigar su dolor. Si Ethel le hubiera dicho que a ella también se le había quemado una casa, entonces la mujer podría haber sentido algo de consuelo gracias a sus palabras. Exactamente esta es la razón por la cual nosotras, mujeres cristianas, podemos encontrar consuelo en nuestras adversidades, pruebas y tribulaciones, porque Cristo tomó nuestra humanidad. Él conoció la fatiga, el hambre, la sed, el abuso, el rechazo, las traiciones, las pérdidas, así como el amor, la aceptación y el gozo en el servicio a su Padre. Por tanto, él realmente sabe cómo nos sentimos.
DOROTHY D. SAUNDERS
es viuda y vive en Pensilvania, EE. UU.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”
