«Entonces le llevaron unos niños, para que pusiera las manos sobre ellos y orara, pero los discípulos los reprendieron. Entonces Jesús dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos». Y luego de poner las manos sobre ellos, se fue de allí». Mateo 19:13-15, RVC
LOS NIÑOS SON LA HEREDAD del Señor. El alma del niño que cree en Cristo es tan valiosa a su vista como son los ángeles que rodean su trono. Han de ser llevados a Cristo y educados para Cristo. Han de ser guiados en la senda de la obediencia, no consentidos en el apetito o la vanidad.
Cuando los discípulos despidieron a las madres que traían a sus pequeños a Cristo, él reprendió su fe diciendo: «Dejen que los niños se acerquen a mí. No se lo impidan, porque el reino de los cielos es de los que son como ellos» (Mat. 19: 14, RVC). Le dolía que los discípulos reprendieran a las madres por traerle a sus hijos; que sus seguidores dijeran, de palabra o de obra, que su gracia era limitada, y que había que alejar a los niños de él. […]
Sobre los padres descansa una gran responsabilidad; pues se reciben en la tierna niñez la educación y la preparación que dan forma al destino eterno de los niños y jóvenes. La obra de los padres es sembrar la buena semilla diligente e incansablemente en el corazón de sus hijos, ocupando sus corazones con una semilla que dará una cosecha de hábitos correctos, de veracidad y obediencia voluntaria. Los hábitos correctos y virtuosos que se forman en la juventud generalmente señalan el curso del individuo a través de la vida. En la mayoría de los casos, los que reverencian a Dios y honran lo correcto habrán aprendido esta lección antes de que el mundo pueda grabar su imagen de pecado en el alma. […]
¡Ojalá los padres fueran verdaderamente hijos e hijas de Dios! Sus vidas exhalarían la fragancia de las buenas obras. Una atmósfera santa rodearía su existencia. Ascenderían al cielo sus tiernas súplicas en demanda de gracia y de la dirección del Espíritu Santo; y la religión se difundiría en sus hogares como se difunden los brillantes y cálidos rayos del sol sobre la tierra.— The Review and Herald, 30 de marzo de 1897.
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Devocional Vespertino Para 2023.
«A FIN DE CONOCERLE»
Por: ELENA G. DE WHITE
Colaboradores: Ruben D. Salazar & Miguel Miguel
