«Feliz al que ayuda el Dios de Jacob, quien pone su esperanza en Dios su Señor». Salmo 146: 5, LPH
NUESTRA ÚNICA SALVAGUARDIA y felicidad estÁ en hacer que Cristo sea nuestro constante consejero. Podemos ser felices en él, aunque no tengamos ningún otro amigo en el amplio mundo. Nuestros sentimientos de inquietud, nostalgia o soledad pueden ser para nuestro bien. Nuestro Padre celestial quiere enseñarnos a encontrar en él la amistad, el amor y la consolación que satisfarán nuestras más ardientes esperanzas y deseos. […]
No estemos demasiado ansiosos por nada. Hagamos serenamente los deberes que el día nos trae. Hagamos lo mejor que podamos y pidamos a Dios que sea nuestro ayudador. […] Pensemos cada día: «Estoy haciendo mi obra para Dios. No estoy viviendo para mí mismo, para glorificarme, sino para glorificar a Dios». ¡Pensemos en Jesús, y no en nuestro propio corazón! Echemos nuestras cargas y a nosotros mismos sobre él. Si no experimentamos gozo o consuelo no debemos desanimarnos. Esperemos y creamos. Podemos tener una preciosa experiencia en las cosas de Dios. Luchemos con nuestro desánimo y nuestras dudas hasta que obtengamos la victoria sobre ellos en el nombre de Jesús. No animemos la angustia, la desesperación y la lobreguez. […] Descansemos en las amplias y seguras promesas de Dios. Descansemos en estas promesas, sin ninguna duda. […]
He visto que aquellos que viven con un propósito, que procuran beneficiar y bendecir a sus semejantes y honrar y glorificar a su Redentor, son verdaderamente felices aquí en la tierra; mientras que el individuo que es inquieto, que está descontento y que busca esto y prueba aquello esperando encontrar felicidad, siempre se está quejando y está descontento. Siempre tiene necesidad y nunca está satisfecho, porque vive solamente para sí mismo. Que sea nuestro deseo hacer el bien y actuar fielmente en el desempeño de nuestra parte en la vida.- Carta 17, 18 72, pp. 2, 3.
Encontremos tiempo para consolar a algún otro corazón, para alegrar con una palabra bondadosa y de alegría a alguien que esté batallando con la tentación y posiblemente en aflicción. Al bendecir así a otros con palabras gozosas y llenas de esperanza, al señalarles al que lleva las cargas, seguramente encontraremos paz, felicidad y consolación para nosotros mismos.- Carta 2b, 1874.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Jacqueline Lora & Martha González.

