Purificante con hisopo y seré limpio; lávame y seré más blanco que la nieve. Salmos 51: 7.
Al principio se sintió asustada por la presión que el rey ejercía con sus miradas y declaraciones de doble sentido. No aceptaba siquiera la idea de ser le infiel a su marido. Pero necesitaba ser gentil con el rey. Al fin de cuentas, su esposo era uno de los principales comandantes del ejército de David.
Con el correr del tiempo ya no le pareció tan detestable la presión. Se senda lisonjeada por despertar esos sentimientos en el rey. Después comenzó a gustar de la situación y, finalmente, adulteró.
Cuando se dio cuenta de la realidad de su pecado, trató de justificarse a sí misma. Inconscientemente cargó toda la culpa en el rey. «¿Qué podía hacer pensaba, «si él tiene todo el poder? Sólo fui una víctima; tenía que ceder, el empleo de mi marido estaba en juego». Fuera como fuese, el corazón Mucho más todavía cuando empezó a ver las consecuencias de su pecado: su esposo fue asesinado en el cumplimiento del deber, y quedó embarazada del rey y el bebé nació enfermo, Cada vez que contemplaba el sufrimiento de su hijo, la conciencia le gritaba: «Tú tienes la culpa; eres tú quien debería estar sufriendo, eres tú quien debería haber muerto».
Un día dejó de justificar su error. Cayó de rodillas en la soledad de la noche y reconoció como David: «Soy la única culpable; no fui víctima, acepté voluntariamente. Todo lo demás es pretexto». Ahí comenzó a renacer. Se levantó de las cenizas. Se sintió perdonada. La conciencia dejó de atormentarla y fue la feliz madre de Salomón, el rey sucesor.
Betsabé es el épico caso de las personas «presionadas-acosadas» por el jefe. De las que tienen que hacer concesiones para conservar el empleo o la posición, o para subir en la carrera de la vida. Pero la historia de esa mujer nos confirma el concepto bíblico de que, para tener paz en el corazón, no necesitamos dar explicaciones ni auto justificarnos. Lo que necesitamos es confesar para ser perdonados.
Es una lástima que a veces, en la vida, es preciso pasar noches y noches de insomnio; desfilar por los consultorios de los psicoanalistas y tomar muchos comprimidos para entender que no existe paz sin perdón, ni felicidad plena sin un arreglo de cuentas con Dios y con la propia conciencia.
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Lecturas Devocionales Familiares 2022
«A SOLAS CON JESÚS»
Por: ALEJANDRO BULLÓN
Colaboradores: José Luc & Misael Morillo
