«DIFERENTE»
POR: MILTON ANDRADE
Colaboradores: Isaí Cedano y Karla González
Para Más Meditaciones Visita:
www.meditacionesdiarias.com
«Que su palabra sea siempre agradable, sazonada con sal». Colosenses 4:6
Se calcula que gastamos aproximadamente el 70% del día en alguna forma de comunicación: hablar, escuchar, leer o escribir. A través de estos medios expresamos sentimientos, aclaramos pensamientos y reforzamos ideas. Las palabras son la base de las relaciones y el puente que nos conecta con los demás. Como decía el escritor francés Roland Barthes, «el lenguaje es una piel: con él entro en contacto con los otros».
Sabemos que las palabras tienen un poder impresionante, tanto para el bien como para el mal. El apóstol Santiago advirtió que la lengua es «una llama de fuego» y que «una sola chispa puede incendiar todo un bosque» (Sant. 3:6; 5, NTV). Aliadas al tono de voz y al lenguaje corporal, las palabras tienen una gran influencia en nuestras relaciones, ya sea para construir o para destruir.
En el versículo de hoy, el apóstol Pablo nos presenta otra metáfora interesante: las palabras deben ser agradables y «sazonadas con sal»; es decir, deben dar sabor y alegría a la vida de las personas. ¿Alguna vez comiste arroz o frijoles sin sal? Es horrible, ¿verdad? De la misma manera, las palabras dichas fuera de tiempo o de la forma incorrecta tienden a estropear el «sabor» de quien las escucha. Hay casos de personas que, en lugar de sazonar su lenguaje con sal, le ponen pimienta ardiente.
Salomón escribió lo siguiente: «Manantial de vida es la boca del justo» (Prov. 10:11). Esto me recuerda un viaje que hicimos en 2014 con el equipo de La Voz de la Esperanza. Pasamos diez días intensos y viajamos cientos de kilómetros por los estados de Pará y Maranhão. Al final de aquella caravana, nos detuvimos en medio de la ruta BR-010, a 35 kilómetros de la ciudad de Carolina, y fuimos a conocer un punto turístico llamado Cachoeira da Pedra Caída. Después de una larga caminata, llegamos a un verdadero santuario ecológico, cuya vista era espectacular. Un río caía por una abertura en la parte superior de la gruta y formaba una cascada de 50 metros que desembocaba en una gran piscina natural. ¡Parecía un oasis en el desierto! Ese contacto con el agua renovó nuestras energías y sacó de nuestros rostros las sonrisas más espontáneas.
El desafío de hoy es este: haz de tus palabras una fuente de agua en el desierto de la vida. Así, encontrarás paz y descanso, y podrás compartirlos con alguien más.
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