Jacob replicó No yo te ruego si he hallado ahora gracia a tus ojos acepta mi regalo porque he visto tu rostro como si hubiera visto el rostro de Dios pues que con tanta bondad me has recibido (Génesis 33:10).
La batalla que Jacob había librado con el ángel del Señor lo había preparado para el encuentro con su hermano. Le habían dicho que su hermano venía a su encuentro con cuatrocientos hombres y sabía que tarde o temprano esto pasaría, pero el haber hecho las paces con Dios lo había dejado listo para cualquier otra batalla. Estratégicamente, además de enviar por delante presentes para su hermano, Jacob hizo grupos separados con personas y animales, de manera que si hubiera una batalla por lo menos algunos se salvarían. No sabía cómo respondería su hermano, pero la amenaza de matarlo seguía fresca en su memoria. Los había engañado astutamente a él y a su padre, pero ahora tenía que enfrentarse a la furia de su hermano él solo. Listo para lo que fuera, esperó el encuentro con paciencia. Cuando Esaú apareció en su cabalgadura junto con sus hombres, Jacob se inclinó a tierra como en señal de adoración con las manos extendidas al cielo pidiendo clemencia; pero en lugar de recibir el primer golpe, escuchó la voz de júbilo y de alegría de su hermano gritándole: ¡Hermano! ¡Hermanito!, levantándolo del suelo y abrazándolo. Jacob estaba conmovido, emocionado e incrédulo, así que empezó a llorar y a besar a su hermano. Ambos lloraron por largo tiempo abrazados hasta que pudieron hablar.
El miedo y la desesperación habían desaparecido. Jacob le rogó a su hermano que aceptara su presente, porque mirarlo a él era como mirar el rostro de Dios. El pleito y el odio por mucho tiempo guardado se había transformado en alegría y gozo porque el perdón había llegado.
Y tú, ¿hay algo que necesitas perdonar? ¿Habrá algo que necesites enfrentar? ¿Tendrás algo por lo que necesites ser perdonado? ¿Por qué sigues sufriendo cuando el perdón está a tu alcance? No dudes, no hay nada que Dios no pueda perdonar. Es posible que sea difícil para los humanos, pero no para Dios. Haz tu parte y quizá la persona que piensas que no te quiere perdonar actuará como menos lo imaginas. Tu batalla está enfrente, pero Dios está a tu lado; deja que cure tus heridas y deja que traiga a tu vida alegría y gozo en lugar de temor y odio, porque todo es por su gracia.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Adultos 2026
«POR SU GRACIA»
Por: Isaías Espinoza
Colaboradores: Nesthor Caraballo y Esther Peláez
