«Por eso les digo que Dios perdonará a los hombres todos los pecados y todo lo malo que digan, pero no les perdonará que con sus palabras ofendan al Espíritu Santo».
Mateo 12: 31, DHH
Cualquiera que sea el pecado, si el alma se arrepiente y cree, la culpa queda lavada en la sangre de Cristo; pero el que rechaza la obra del Espíritu Santo se coloca donde el arrepentimiento y la fe no pueden alcanzarle: Es por el Espíritu Santo como obra Dios en el corazón; cuando los seres humanos rechazan voluntariamente al Espíritu y declaran que es de Satanás, cortan el conducto por el cual Dios puede comunicarse con ellos. Cuando se rechaza finalmente al Espíritu, no hay nada más que Dios pueda hacer. No es Dios quien ciega los ojos de los seres humanos y endurece su corazón.
Él les manda luz para corregir sus errores, y conducirlos por sendas seguras; es por el rechazamiento de esta luz como los ojos se ciegan y el corazón se endurece. Con frecuencia, esto se realiza gradual y casi imperceptiblemente. Viene luz al alma por la Palabra de Dios, por sus siervos, o por la intervención directa de su Espíritu; pero cuando un rayo de luz es despreciado, se produce un embotamiento parcial de las percepciones espirituales, y se discierne menos claramente la segunda revelación de la luz. Así aumentan las tinieblas, hasta que anochece en el alma.
No es necesario que elijamos deliberadamente el servicio del reino de las tinieblas para pasar bajo su dominio. Basta que descuidemos de aliamos con el reino de la luz. La manifestación más común del pecado contra el Espíritu Santo consiste en despreciar persistentemente la invitación del cielo a arrepentirse. Cada paso dado hacia el rechazamiento de Cristo es un paso hacia el rechazamiento de la salvación y hacia el pecado contra el Espíritu Santo.— El Deseado de todas las gentes, cap. 33, pp. 292-295.
Cuando la personase entrega a Cristo, un nuevo poder se posesiona del nuevo corazón. Se realiza un cambio que nadie puede realizar por su cuenta. Es una obra sobrenatural, que introduce un elemento sobrenatural en la naturaleza humana. El alma que se entrega a Cristo, llega a ser una fortaleza suya, que él sostiene en un mundo en rebelión, y no quiere que otra autoridad sea conocida en ella sino la suya. Un alma así guardada en posesión por los agentes celestiales es inexpugnable para los asaltos de Satanás.— Ibíd., p. 294.
EL ESPIRITÚ DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
