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“Jesús subió a un cerro a orar, acompañado de Pedro, Santiago y Juan. Mientras oraba, el aspecto de su cara cambió, y su ropa se volvió muy blanca y brillante” (Lucas 9:28, 29).

Los discípulos sintieron el mismo tipo de shock cuando subieron al monte con Jesús. Pensaban que iban allí para orar, pero Lucas dice que Jesús se transformó: su rostro cambió de repente y su ropa relucía. Es que lo que creían que era la apariencia “normal” de Jesús era, en realidad, un disfraz para enmascarar su imagen celestial. Pedro, Juan y Santiago se estremecieron de miedo. De una nube salió una voz que dijo: “Este es mi Hijo, escúchenlo” (Luc. 9:35). Ellos se cubrieron la cabeza y temblaron. A veces, nos olvidamos de que Jesús no es solo la imagen sonriente que vemos en algún libro o un cuadro colgado en la pared; también es el Dios que creó la Tierra de la nada y que sacudió el monte Sinaí con fuego y relámpagos. Él es divino y humano al mismo tiempo, lo que le permite crear una conexión única con cada uno de nosotros. Este Dios-hombre es, a la vez, fuerte y compasivo; tanto como para suplir lo que puedas necesitar hoy, y más.
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Lecturas Devocionales Para Adolescentes 2017.
“FUSIÓN”
Por: Melissa & Greg Howell Seth