EL MUERTO QUE RESUCITÓ

 

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR

¿Porqué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo? NÓ está aquí, sino que ha resucitado» (Lucas 24: 5, 6) . 

MENSAJE

Podemos compartir con entusiasmo las buenas huevas de la muerte y la resurrección de  Jesús.

REFERENCIAS

Mateo 28:1-15; Lucas 24: 1-12: Juan 20: 1-18; El Deseado de todas las gentes  caps. $0-82; Creencias fundamentales 9,4, 11.

 ¿Has perdido alguna vez a un ser querido? ¿Echas de menos a esa persona? ¿Piensas en ella, hablas de ella o sueñas con ella? Eso es lo que sucede cuando amas a alguien.

Estaba oscuro todavía cuando María Magdalena salió de su casa. Llevaba unos vasos con especias aromáticas y un lienzo para ungir y ervolver el cuerpo de Jesús. De pronto vio en el camino a otra mujer que esperaba con los mismos materiales.

-Buenos días, María -saludó María Magdalena a la esposa de Cleofas, que también se llamaba María. -Buenos días -replicó la otra María-.¿Descansaste bien?

-No muy bien. Anoche estaba demasiado cansada para dejar listos los materiales para ungir a Jesús. Sabía que tendría que levantarme muy temprano. Además, no pude dormir pensando en nuestro Señor. ¡No puedo creer que esté muerto!

– Tampoco yo -dijo María Cleofas con los ojos llenos de lágrimas-. Me alegra que José haya conseguido su cuerpo. Por lo menos podremos ungirlo y vestirlo en forma adecuada para que lo pongan en el sepulcro. ¿Traes los lienzos para envolverlo?

-Sí, los traigo -confirmó María Magdalena.

Las dos Marías continuaron su camino en silencio hasta la tumba de Jesús. Llegaron cuando el sol estaba comenzando a iluminar el paisaje.

-¡Qué bueno! -exclamó María Cleofas-. Juan y Pedro deben de haber venido y quitado la piedra del sepulcro para que entremos.

Las mujeres entraron en el sepulcro, listas para preparar el cuerpo de Jesús. Cuando vieron el lecho mortuorio vacío y la sábana y los lienzos doblados y en orden, quedaron pasmadas y sin habla.

– ¿Dónde lo habrán puesto?

-Logró decir por fin María Magdalena.

De pronto una luz poderosa iluminó la tumba cuando aparecieron dos personajes con vestimentas refulgentes. Las dos mujeres cayeron en tierra llenas de miedo.

– ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? -preguntó uno de ellos-. No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo. -¿Recuerdan que les dijo en Galilea que sería capturado por hombres malos y crucificado, y que resucitaría al tercer día? -añadió el otro personaje.

Las dos Marías se levantaron, se miraron y exclamaron al mismo tiempo:

-¡Sí, lo recordamos! – Luego se abrazaron de alivio y alegría.

-¡Tenemos que avisar a los demás! -dijo María Magdalena.

-Esto es maravilloso -añadió María Cleofas.

Las mujeres salieron corriendo del sepulcro y fueron a la ciudad para contar a los discípulos que Jesús había resucitado de los muertos.

Cuando las dos Marías contaron lo que habían visto, algunos pensaron que estaban hablando disparates. Pero Pedro y Juan corrieron hacia el sepulcro. Juan corrió más rápido y llegó al sepulcro primero. Miró dentro y vio los lienzos doblados y en orden.

Pero Pedro, queriendo ver por sí mismo, entró en el sepulcro y exclamó:

«¡Es verdad!» Después llegaron los demás discípulos.

Finalmente, todos regresaron pensativos a la ciudad.

María Magdalena, que lloraba, se quedó cerca del sepulcro. Pensaba que no volvería a ver a Jesús. Antes de irse miró por última vez dentro del sepulcro. María se sobresaltó de pronto cuando vio que los dos ángeles que había visto con la otra María habían regresado y estaban sentados uno a la cabecera y el otro a los pies del lecho mortuorio.

– ¿Por qué lloras? -le preguntó.

-Porque se han llevado el cuerpo de mi Señor -dijo María Magdalena-. No sé dónde lo han puesto.

María sintió la presencia de alguien. Vio a un hombre parado detrás de ella.

– ¿Por qué lloras? -le preguntó bondadosamente-o ¿A quién buscas?

-Señor -dijo María pensando que hablaba con el hortelano-, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.

-¡María! -dijo una voz familiar.

-¡Maestro! -exclamó María agachándose para abrazarle los pies.

-No me toques, porque aún no he subido a mi Padre -le dijo Jesús-. Pero habla con mis hermanos, y diles que subiré a ver a mi Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

-Sí, Señor. Así lo haré -dijo María.

-María, diles, además, que vayan a Galilea, donde nos encontraremos.

María corrió hasta donde se encontraban los discípulos. Golpeó la puerta mientras gritaba:

-¡He visto a Jesús, he visto a Jesús! ¡Ha resucitado, tal como dijo!

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Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
1er Trimestre 2024 
Lección 13: «EL MUERTO QUE RESUCITÓ»
Colaboradores: Hermanitas Noisette, Jeanniree y Jeanneris y Adriana Jiménez

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