«La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da.
No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo».
Juan 14: 27, RVC
POCO ANTES DE SU CRUCIFIXIÓN, Cristo les dejó a sus discípulos un legado de paz. […] Esta paz no es la paz que se recibe a través de la conformidad con el mundo. Es más una paz interna que externa. Afuera habrá guerras y luchas causadas por la oposición de enemigos confesados, así como la frialdad y suspicacia de aquellos que pretenden ser amigos. La paz de Cristo no hará desaparecer la división, sino que permanecerá entre las dificultades y la división.
Aunque llevaba el título de Príncipe de Paz, Cristo dijo de sí mismo: «No crean que yo he venido a traer paz al mundo; no he venido a traer paz, sino guerra» (Mateo 10: 34, DHH). […] Aunque era el Príncipe de Paz, sin embargo, era causa de división.— The Review and Herald, 16 de enero de 1900.
Las familias deben ser divididas para que todos aquellos que invocan el nombre del Señor se salven. Todos los que rehúsan su amor infinito encontrarán que el cristianismo es una espada, un factor perturbador de su paz. […]
Es imposible que alguien llegue a ser un verdadero seguidor de Cristo sin hacer distinción entre él y la masa mundana de incrédulos. Si el mundo aceptara a Jesús, no habría espada de disensión, ya que todos serían discípulos de Cristo y estarían en comunión unos con otros, y su unidad no se quebrantaría. Pero ese no es el caso. Aquí y allá un miembro individual de una familia es fiel a las convicciones de su conciencia, y es obligado a permanecer solo. […] La línea demarcatoria se traza distintamente. Uno se coloca sobre la Palabra de Dios, los otros sobre las tradiciones y los dichos de los hombres. […]
La paz que Cristo les dio a sus discípulos, y por la cual oró, es la paz que nace de la verdad, una paz que no se termina a causa de la división. Afuera puede haber guerra y luchas, celos, envidias, odios y dificultades; pero la paz de Cristo no es una paz que el mundo pueda dar o quitar.— The Review and Herald, 24 de julio de 1894.
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Devocional Vespertino Para 2022.
«NUESTRA ELEVADA VOCACIÓN»
Por: Elena G. de White
Colaboradores: Ana Hironymus & Miguel Miguel

