EL REY DE LA GRACIA Y SUS SÚBDITOS
«Tú descendiste a la cumbre del monte Sinaí; les hablaste desde el cielo y les diste consejos sabios, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos».
Nehemías 9: 13, RVC
Através de todas las páginas de la historia sagrada, donde está registrada la relación de Dios con su pueblo escogido, hay huellas vivas del gran Yo Soy. Nunca dio el Señor a los hijos de los hombres más amplias revelaciones de su poder y gloria que cuando fue reconocido. como único soberano de Israel y dio ley a su pueblo, Había allí un cetro que no era empuñado por manos; y las majestuosas manifestaciones del invisible Rey de Israel fueron, indeciblemente grandiosas y temibles.
En todas estas revelaciones de la presencia divina, la gloria de Dios se manifestó por medio de Cristo. No solo cuando vino el Salvador, sino a través de todos los siglos después de la caída del hombre y de la promesa de la redención, «Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo»(2 Cor. 5: 19). Cristo era el fundamento y el centro del sistema de sacrificios, tanto en la era patriarcal como en la judía. Desde que pecaron nuestros primeros padres, no ha habido comunicación directa entre Dios y el ser humano. El Padre puso el mundo en manos de Cristo para que por su obra mediadora redimiera a la humanidad y vindicara la autoridad y santidad de la ley divina. Toda comunicación entre el cielo y la raza caída se ha hecho por medio de Cristo. Fue el Hijo de Dios quien dio a nuestros primeros padres la promesa de la redención. Fue él quien se reveló a los patriarcas. Fue él quien dio la ley a Israel. En medio de la temible gloria del Sinaí, Cristo promulgó a todo el pueblo los Diez Mandamientos de la ley de su Padre, y entregó a Moisés esa ley grabada en tablas de piedra.
Jesús era la luz de su pueblo, la luz del mundo, antes de venir a la tierra en forma humana. El primer rayo de luz que penetró la lobreguez en que el pecado había envuelto al mundo, provino de Cristo. Y de él ha emanado todo rayo de resplandor celestial que ha caído sobre los habitantes de la tierra. En el plan de la redención, Cristo es el Alfa y la Omega, el Primero y el Último.— Patriarcas y profetas, cap. 32, pp. 336, 337, 338 .
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
