«En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados».
1 Juan 4: 10
El amor es el principio fundamental del gobierno de Dios en los cielos y en la tierra, y debe ser el fundamento del carácter del cristiano. Y el amor se revelará en el sacrificio.
El plan de redención fue fundado en el sacrificio, un sacrificio tan amplio, tan profundo y tan alto que es inconmensurable. Cristo lo dio todo por nosotros, y los que reciben a Cristo deben estar listos a sacrificarlo todo por la causa de su Redentor.— Palabras de vida del gran Maestro, cap. 2, pp. 30, 31.
Cuando el pecado de Adán hundió a la humanidad en la miseria y la desesperación, Dios podría haberse separado de los caídos. El Creador podría haberlos tratado como merece que se trate a los pecadores. Podría haber enviado a sus ángeles para que derramaran sobre nuestro mundo las copas de su ira. Podría haber hecho desaparecer- esta oscura mancha del universo. Pero no lo hizo. En lugar de echarlos de su presencia, el Eterno se acercó más a la raza caída. Dio a su Hijo para que llegara a ser hueso de nuestro hueso y carne de nuestra came.
El don de Dios en favor de la raza humana excede a todo cálculo. Nada se escatimó. El Señor no podía permitir que se dijera que podía haber hecho algo más, que podía revelar a la humanidad un amor mayor. En el don de Cristo, dio todo el cielo.— Hijos e hijas de Dios, 5 de enero, p. 13.
Los que han profesado amar a Cristo no han comprendido la relación que existe entre ellos y Dios, y todavía apenas si la comprenden oscuramente, Tan solo vagamente comprenden la maravillosa gracia de Dios al dar a su unigénito Hijo para la salvación del mundo.— Mensajes selectos, t. 1, p. 156.
A fin de conquistar a la raza humana y asegurar su eterna salvación, Cristo dejó las cortes reales del cielo, y vino a esta tierra, soportó las agonías del pecado y la vergüenza en lugar del ser humano, y murió para libértale. En vista del precio infinito pagado por la redención del hombre, ¿cómo puede cualquiera que profese el nombre de Cristo atreverse a tratar con indiferencia a uno de sus pequeñuelos? ¡Con cuánta paciencia, bondad y afecto debiéramos tratar lo adquirido por la sangre de Cristo!— Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 578, 579.
EL PRECIO DE LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
