VERSÍCULO PARA MEMORIZAR
“¡No me pidas que te deje y que me separe de ti! Iré a donde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios” (Rut 1:16).
MENSAJE
Dios nos atrae constantemente hacia Él.
¿Hay algún miembro de tu familia a quien prefieres por encima de los demás? ¿Por qué es tan especial para ti esa persona? ¿Cuál es tu mejor recuerdo de esa persona?
Los lamentos de los dolientes iban y venían. Noemí apartó su velo y secó sus lágrimas. Era el tercer funeral desde que se había mudado con su esposo y sus dos hijos desde el otro lado del río Jordán hasta Moab. Ella y su esposo Elimelec habían dejado su hogar en Belén de Judá, escapando de una terrible hambruna. Habían llegado a Moab para comenzar una vida nueva.
Pero en vez de vida, habían encontrado la muerte. Primero murió Elimelec. Había quedado sola con sus dos hijos, Mahlón y Quilión. Sus hijos se casaron con Rut y con Orfa, dos jóvenes moabitas. Sus nueras lograron integrarse fácilmente a la familia, a pesar de venir de una cultura distinta. Pero al poco tiempo sus hijos también murieron. Noemí se colocó de nuevo el velo sobre su rostro. Su voz se unía a los tristes lamentos de los demás dolientes. Por un tiempo, Noemí, Rut y Orfa dialogaron acerca de cómo podrían sobrevivir por sí solas, pero poco a poco comenzaron a llegarles noticias de que la hambruna había terminado en Judá.
Noemí habló con Rut y con Orfa por lo que decidieron empacar sus pocas pertenencias. Las serviciales nueras la ayudaron en eso e hicieron todos los arreglos necesarios para clausurar su hogar en Moab. Finalmente, llegó el día. Las tres mujeres comenzaron su travesía hacia el río Jordán, cada una con sus propias preocupaciones. Mientras caminaba, Noemí pensaba en lo que el futuro les depararía a cada una de ellas. Por lo que sabía, se dirigía hacia una vida de escasez, y tal vez necesitaría la ayuda de las jóvenes, ¿pero sería lo mejor para ellas? Ella no podría forzar a su pueblo a aceptarlas. ¿Cómo haría para que las aceptaran? Serían extranjeras en una tierra extraña, y ella sabía muy bien lo que eso representaba. Además, eran viudas como ella. De acuerdo con algunas tradiciones orientales, ella podía mantenerlas como sus sirvientas.
Pero Noemí pensó que ellas necesitaban casarse de nuevo, o al menos vivir en casa de algún familiar que las pudiera mantener. Tal vez en Judá nunca se casarían, ya que los israelitas despreciaban a los moabitas, y ellas no tenían familia allí. No quedaba duda: lo mejor para ellas era que regresaran a su país, a pesar de que las extrañaría. Noemí detuvo la marcha y se sentó a un lado del camino para descansar. -Rut y Orfa, tenemos que hablar -comenzó-. He estado pensando… Noemí comenzó a expresar sus ideas a las dos jóvenes, que colocaron su equipaje en tierra y se sentaron a su lado, agradecidas por el oportuno descanso. -Como pueden ver -concluyó-, a pesar de que las amo y he dependido de ustedes durante estos tiempos difíciles, sé que lo mejor será que regresen a su país y a sus familias. Allí encontrarán a alguien que las cuide, y tal vez a alguien con quien casarse de nuevo, y así podrán convertirse en las madres que desean ser. –
¿Pero cómo vas a poder sobrevivir sin nosotras? -preguntó Orfa rápidamente-.Ni siquiera sabes si tienes familiares vivos con quienes quedarte. -La gracia de Dios me proporcionó la amistad y el amor de ustedes -replicó Noemí-. A pesar del dolor y la pena que he experimentado, confío en que él proveerá para mi futuro. No tienen que sentirse obligadas, quedan libres de irse. Orfa tenía lágrimas en los ojos, pero observaba cuidadosamente a Noemí para asegurarse de lo que realmente pensaba. Entonces le dio un rápido beso de despedida, tomó sus cosas, y emprendió su camino de regreso.
Rut y Noemí se quedaron sentadas al lado del camino. Noemí finalmente rompió el silencio: -Rut, vete con ella. -Madre Noemí -replicó Rut-, no diga eso. Yo estoy decidida, no voy a regresar. A dondequiera que usted vaya, iré yo. Donde decida quedarse usted, allí me quedaré yo. Su familia será mi familia -Rut hizo una pausa momentánea, escogiendo cuidadosamente sus próximas palabras-. Y lo más importante, madre Noemí, quiero que su Dios sea mi Dios. No la dejaré. Moriré y seré sepultada entre su pueblo.
Noemí miró pensativa a la joven. Sintió que Dios estaba llamando a Rut. A pesar de todo el dolor de haber perdido a su esposo y a sus hijos, Dios hizo uso de la desgracia para traer a otra persona a sus pies. Noemí no insistió a Rut para que se fuera. Lentamente tomó de nuevo sus bultos y continuó su camino. Rut la siguió, y las dos avanzaron hacia Belén.
#LeccionDeMenores
#RadioJovenAdventista
#MeditacionesDiarias
Lección de Escuela Sabática para INTERMEDIARIOS
3er Trimestre 2022
Lección 13: « EL IMÁN DE DIOS»
Colaboradores: Karla González & Sandra Mojica

