«La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente, tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos»(Fil. 2:5-7).

Pero todo cambió gracias a una valerosa joven periodista conocida como Nellie Bly. En conspiración con sus editores del New York World, Nellie Bly simuló estar «melancólica», y pronto se la llevaron a la temida isla.
Una vez allí, dejó de fingir que estaba enferma. «Siempre me aseguré de decirles a los médicos que estaba cuerda y de pedir que me dejaran ir», contó ella; «pero cuanto más me esforzaba por asegurarles que estaba sana, más lo dudaban».
Estaba atrapada y sola. El personal la limpiaba arrojándole tres baldes de agua fría sobre la cabeza. Docenas de pacientes compartían una sola toalla.
La comida consistía en gachas, carne podrida, agua sucia y un pan que no era más que masa seca. Los pacientes peligrosos estaban atados con sogas. Luego de diez días, sus amigos del periódico fueron a buscarla.
Ella escribió sobre su pesadilla en una serie de artículos, en los que señalaba que, por las condiciones de aquel «centro de salud mental» era más probable que una persona se volviera loca en vez de curarse.
Los lectores comenzaron a exigir que se llevaran a cabo cambios drásticos en la isla Blackwell para mejorar el tratamiento de los pacientes. Esto fue posible gracias al valor y la disposición de Nellie a entrar al mundo de los enfermos mentales y sufrir con ellos.
Esto, por supuesto, es lo que hizo Jesús cuando renunció a su lugar preferencial en el cielo y se confinó a este planeta oscuro. Comparada con el cielo, la tierra debe de haberle parecido un manicomio. Pero, gracias a que vino, sabemos que se preocupa por nosotros. Y todos tenemos la esperanza de ser liberados. Kim
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Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2020
“Una idea genial”
Por: Kim Peckham
Colaboradores: Esteban Cortes & Antonia H