«Así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido» (1 Juan 5:15).
Gibson, un joven estudiante de Teología en Papúa Nueva Guinea, era pobre y recibía becas y ayudas que patrocinaban sus estudios. Aun así, le debía mucho dinero a la universidad.
Un día, otro estudiante le habló de un hombre con dinero que quería ayudar a un alumno. Le dio un número de teléfono y se fue. Gibson oró: «Padre, tú eres el dueño de todas las cosas. Si es tu voluntad, ayúdame a contactar a este señor».
Gibson no tenía dinero ni saldo en el celular, y hacer la llamada le costaría 5 kinas.
De camino a la iglesia, donde iba a predicar, oraba: «Señor, ¿cómo me voy a comunicar con ese caballero si no tengo dinero para la llamada? Necesito 5 kinas para comprar crédito para mi teléfono. Haz que las reciba, y entenderé que es tu voluntad que este plan vaya adelante». En eso, vio al profesor Elisha, que se detuvo. «Hola, Gibson. ¿A dónde vas?», «A la iglesia a predicar». «Permíteme orar por ti». El profesor oró por él y se llevó la mano al bolsillo. Sacó un billete de 5 kinas y se las dio, aun cuando no sabía nada de la necesidad de Gibson.
Así es Dios: responde tus oraciones si confías en él. ¿Quieres poner en sus manos tus necesidades?
Continuará…