«Y sucedió que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y disentería. Pablo fue entonces a visitarlo y, después de orar, puso las manos sobre él y lo sanó» (Hechos 28: 8).
En un mundo lleno de superhéroes ficticios, los verdaderos héroes suelen ser pasados por alto. Kingo Nonaka, un hombre de origen japonés, es un ejemplo perfecto de un héroe real, cuyas acciones cambiaron vidas y dejaron una huella imborrable en la historia de México.
Nonaka nació en Japón en 1889 y llegó a México cuando tenía apenas 17 años. Al principio, trabajó en diversas tareas, incluyendo la construcción de ferrocarriles, pero su verdadera vocación surgió cuando se unió a la Revolución Mexicana como soldado. Sin embargo, lo que lo hizo un verdadero héroe no fue solo su participación en la guerra, sino su decisión de dedicarse a salvar vidas como enfermero.
En medio del caos de la guerra, se convirtió en un enfermero autodidacta. Aprendió a tratar heridas, a realizar cirugías y a cuidar a los soldados heridos tanto de su bando como del enemigo. Su valor y habilidad salvaron innumerables vidas. Pero su heroísmo no se limitó al campo de batalla. Después de la guerra, decidió quedarse en México y continuar ayudando a las personas. Abrió una clínica en Tijuana, donde ofrecía atención médica a quienes no podían pagarla, sin importar su origen o condición.
Kingo Nonaka no tenía superpoderes, pero tenía algo más fuerte: un profundo sentido de la humanidad y de la voluntad de ayudar a los demás, incluso en las circunstancias más difíciles. Su vida es un recordatorio de que el heroísmo no siempre se trata de grandes proezas, sino de las pequeñas acciones diarias que marcan la diferencia en la vida de los demás.
La enfermería es una profesión donde la valentía, la compasión y la determinación pueden convertir a cualquier persona en un héroe. Mirar por la salud de un enfermo y asistirlo puede hacer una diferencia significativa en la vida de esa persona. Lucas cuenta en Hechos 28 sobre la llegada de Pablo y sus acompañantes a la isla de Malta en ruta a Roma y sobre cómo encontraron a un hombre importante llamado Publio, quien les dio hospedaje en su propiedad. Sucede que Publio tenía fiebre y disentería. Pablo lo visitó, oró por él y el Señor lo sanó. Tan pronto circuló la noticia, otros trajeron sus enfermos a Pablo para que los sanara. El testimonio que se dejó en esa isla fue muy favorable para el evangelio. Los enfermeros también son héroes, y nosotros podemos ser uno de ellos.
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Tomado de la: Lectura Devocional para Menores 2026.
«HÉROES Y VILLANOS»
Por: RAÚL LOZANO
Colaboradores: Lisseth Orduz y Claudia Escamilla
