«Ama al Señor tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida». Deuteronomio 30: 20, NVI
A Frank no le gustaba que se le olvidaran las cosas. Ese día tenía que levantarse muy temprano e ir a su oficina a por un expediente que había olvidado. Estaba empezando a salir el sol cuando se detuvo fuera del edificio, y apenas pudo ver dos gatos sin hogar en su camino. Frank siempre sentía lástima por los animales sin hogar, así que se detuvo a acariciarlos. Estos gatos no le dejaron acercarse, así que siguió caminando y arrojó la basura en un contenedor que encontró de camino. Entonces los dos gatos empezaron a maullar. Cuando Frank se dio la vuelta para alejarse, los gatos maullaron más fuertemente. Uno se puso delante de él y el otro saltó al borde del contenedor.
En ese momento, Frank oyó un ruido como de arañazos y un suave maullido. Miró dentro del contenedor y vio a un pequeño gatito negro saltando e intentando salir.
El contenedor era demasiado profundo para que Frank pudiera llegar hasta el fondo y agarrar al gatito. Así que encontró un trozo de madera de unos dos metros de largo y lo metió en el contenedor, apoyándolo en el lateral para hacer una rampa. El gatito saltó sobre la madera y fue subiendo por ella hasta que consiguió salir.
Cuando Frank se dio la vuelta, los otros dos gatos corrían tras el gatito. Luego entró en la oficina, recogió su carpeta y volvió al automóvil. De pronto, vio a cuatro gatitos sentados uno al lado del otro, mirándolo. Y a Frank le pareció que le estaban dando las gracias.
Jesús cuida de todas sus criaturas, aunque a veces no lo reconozcamos. Él se alegra cuando ayudamos a los demás, aunque solo sea para rescatar a un gatito negro de un contenedor oscuro y profundo.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Menores 2024.
“UN PLANETA MARAVILLOSO” Vas a conocer a Dios como Creador con fábulas
Por: «Vicki Redden»
Colaboradores: Lisbeth Orduz y Karla González

