«Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas y así cumplirán la ley de Cristo» (Gálatas 6:2).
Impulsar el éxito de otros es más que un gesto noble; es una marea contagiosa que debería trastornar nuestro mundo. Imagínalo como una onda sonora que, cuando uno la lanza, se propaga y vuelve con más fuerza. Cuando compartes la alegría y enfrentas los desafíos con tus amigos, estás siendo ese «hermano» que todos quieren tener cerca. Es como cuando, en un videojuego, uno ayuda al otro a pasar de nivel y ambos celebran la victoria.
La clave aquí es ser ese jugador de equipo que siempre está listo para dar una mano, animar y ser el admirador número uno de tus amigos. No se trata solo de beneficiarlos tú; es también lo que dice Juan en la Biblia: que si el beneficio viene desde arriba, ¿por qué no compartirlo? Esto es como armar un equipo apegado donde todos sienten que pertenecen y que pueden contar con los demás.
Y ojo, porque no es solo hablar; ¡es hacer! Es estar ahí en las buenas y en las malas, y crear ese espacio seguro donde todos puedan ser auténticos. Esto no solo beneficia a los demás; también te llena a ti de gozo. Como si al pasar buena energía, la vida te la devuelve en forma de ánimo y entusiasmo.
Impulsar a los demás es una carrera en que todos ganan. Cuanto más apoyes, más sentirás esa alegría y satisfacción que solo el amor verdadero puede dar. Así que, ánimo, sé un motor de apoyo para los demás y disfruta de todo lo positivo que te regresa. Se trata de llevarte bien con todos, construir una comunidad de amor y disfrutar de todo lo positivo que te regresa.
Oración: Concédeme, Dios, ser fuente de alegría y apoyo para quienes me rodean.
Tomado de: Lecturas Devocionales de Adolescentes 2025
“MEGAVALIOSOS»
Por: Andrés J. Peralta
Colaboradores: Jhygceli Dávila y Adriana Jiménez
