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Dios aborrece el falso testimonio (Éxo. 20:16) y no puede mentir (Heb. 6:18). Es llamado el Dios de verdad (Sal. 31:5; Isa. 65:16). De manera similar, el Espíritu Santo es llamado “el Espíritu de verdad” (Juan 14:17).
Lee Salmos 119:160. ¿Qué nos enseña esto acerca de todo lo que Dios nos revela?
Lee Juan 17:17. ¿Qué nos dice Jesús aquí acerca de la Palabra de Dios?
La Palabra de Dios es fidedigna y merece plena aceptación. No es tarea nuestra sentarnos a juzgar la Escritura; más bien, la Escritura tiene el derecho y la autoridad para juzgarnos a nosotros. “Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb. 4:12, NVI).
Aunque, por supuesto, la Biblia fue escrita por aquellos que vivían en momentos, lugares y culturas específicos (no podría haber sido de otro modo), no deberíamos usar ese hecho para diluir o descartar el mensaje de la Biblia para nosotros. Una vez que se abre esa puerta, la Biblia se vuelve sujeta a los seres humanos y a su determinación de lo que es la verdad.
El resultado es que muchas personas, aunque aseveran creer en la Biblia, rechazan cosas tales como una creación en seis días, un diluvio universal, un nacimiento virginal, la resurrección corpórea de Jesús, y la segunda venida literal.
Estas son solo unas pocas de las verdades bíblicas han sido desechadas por personas falibles, que se sentaron a juzgar las Escrituras. Ninguno de nosotros debería tomar ese camino jamás.
¿Por qué es tan crucial que sometamos nuestro propio juicio a la Palabra de Dios, y no viceversa?
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Lección de Escuela Sabática Adventista para Adultos
1er trimestre 2017. EL ESPÍRITU SANTO Y LA ESPIRITUALIDAD
Lecc. 01 “El Espíritu y la Palabra”