«Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirmo e/ Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro g una esperanza» (Jer. 29:11).
La emoción de mudarnos a nuestro nuevo hogar se desvaneció cuando se hizo realidad, mientras caminaba por las callecitas que se abren paso entre las casitas de piedra antiguas de nuestro pequeño pueblo. De repente me sentí muy sola, a cientos de kilómetros de mi familia y amigos. El ministerio de mi esposo nos había traído a Escocia, donde no había trabajo para mí, así que pasaba muchas horas en casa como escritora.
Paseaba por las pocas calles de adoquines grises durante las horas de la tardecita, con su cielo plomizo. El monumento era gris, las aves eran grises, el cielo estaba gris; y hasta mi corazón se sentía gris. ¿Cómo haría amigos en este pueblo cerrado, en el que las mismas familias han vivido por generaciones? Una suave llovizna le agregó más gris al gris, y encontré refugio en el centro comunitario local. La recepción era cálida y tenía mucha luz. En la cartelera, vi anuncios sobre grupos para niños pequeños, clubes de pérdida de peso, vehículos en venta, y la enfermedad de Lyme. Y, en medio de aquel mosaico de vida pueblerina, vi un pequeño cartel que anunciaba «Las bordadoras de colchas de Muchty».
¿Bordadoras de colchas en Auchtermuchty? ¿En este diminuto pueblito?, pensé. Había vivido en ciudades en las que no había ni un solo club de bordadoras, iY aquí había uno muy cerca de mi casa!
La llovizna terminó y el sol de la tardecita brillaba en el mundo de piedra mojada, mientras yo volvía a casa, cálidamente consolada. Instrumentos para bordar colchas era el único pasatiempo que había traído conmigo a Escocia. No era excepcionalmente talentosa, pero siempre, desde niña, me había gustado hacer colchas de retazos. Dios sabía que un día me encontraría sola en un lugar desconocido. Él sabía que necesitaría de la calidez de una amistad compartida en el gozo de un interés común. Iba a necesitar de las mujeres creativas y amorosas que compartirían conmigo sus consejos de bordado, cuadraditos de tela, información local e historias de vida. Yo pensé que era un pasatiempo poco importante, pero Dios había estado «bordando» mi gusto por las colchas desde el principio, sabiendo que un día me traería color, calidez, consuelo y amistad, en un lugar solitario y gris.
¿De qué manera está Dios creando la trama tu vida? ¿Cuáles son las formas, los patrones y los colores que ha puesto en tu vida, que te ayudan a sentir que eres un tesoro para él? ¿Y las piezas que todavía parecen no encajar, o que parecen insignificantes? Ve pregunto cómo las usará para bendecirte.
KAREN HOLFORD es escritora y terapeuta familiar, y vive en Auchtermuchty, uno de los pueblos más antiguos de Escocia.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2018
“Bendecida”
