«Manténganse atentos y firmes en la fe; sean fuertes y valientes».
1 Corintios 16: 13, RVC
Se presenta a los jóvenes una norma elevada, y Dios los invita a emprender un verdadero servicio por él. Los jóvenes de corazón recto, que se deleitan en aprender en la escuela de Cristo, pueden hacer una gran obra por el Maestro si tan solo quieren prestar oído a la orden del Capitán, tal como ha resonado a lo largo de las filas hasta nuestro tiempo: «Sean fuertes y valientes».— Mensajes para los jóvenes, cap. 1, p. 18.
La fuerza viene por medio del ejercicio. Todos los que utilizan la capacidad que Dios les ha dado, recibirán cada vez más habilidad para dedicar a su serficio. Los que no hacen nada en la causa de Dios dejarán de crecer en gracia y en el conocimiento de la verdad. Una persona que se acuesta y rehúsa ejercitar sus extremidades, pronto perderá su capacidad de usarlas. De la misma manera, un cristiano que ejercita las facultades que Dios le ha dado, no solamente dejará de crecer en Cristo Jesús, sino que perderá la fuerza que ya tiene y se convertirá en un paralítico espiritual. Los que se establecen, fortalecen y afianzan en la verdad son los que motivados por el amor de Dios y de sus semejantes, se esfuerzan por servir a otros. El verdadero cristiano trabaja para el Señor, no a base de impulso, sino por principio; no por un día o por un mes, sino a través de toda su vida.— Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 393.
A los niños y los jóvenes debemos enseñarles que este mundo no es un desfile, sino un campo de batalla. Se invita a todos a soportar las dificultades como buenos soldados. Necesitan ser fuertes y conducirse con madurez. La verdadera prueba del carácter se encuentra en la disposición a llevar responsabilidades, ocupar el puesto difícil, hacer lo que es debido, aunque no produzca reconocimiento ni recompensa terrenal.— La educación, cap. 34, p. 265.
Que cada cual aprecie adecuadamente las facultades que Dios le ha confiado. Por medio de Cristo podemos ascender la escalera del progreso, y poner todo talento nuestro bajo su dominio. No podemos hacer nada por nuestra propia fortaleza; pero en la gracia de Jesucristo, podemos emplear de tal modo nuestro poder que lleguemos a traer el mayor bien a nuestra propia alma, y la mayor bendición a las almas de los demás, Aferrémonos de Jesús, y obraremos diligentemente las obras de Cristo, y recibiremos finalmente la recompensa eterna.— The Youth’s Instructor, 20 de septiembre de 1894.
CRECIENDO EN LA GRACIA
Tomado de: Lecturas Devocional Vespertino 2025
«La Maravillosa Gracia De Dios»
Por: Elena G. White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
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