El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2:6, RV60.

Los discípulos estaban acostumbrados a ver a Jesús orando y sabían que de esa vida de oración provenía su poder; así que, en una ocasión, «aconteció que estaba Jesús orando en un lugar» (Luc. 11:1, RV60) y le pidieron: «Señor, enséñanos a orar. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal» (Luc 11:1-4, RV60). Veamos las claves de la oración que Jesús nos enseñó:
>Ten intimidad con Dios, tu «Padre». Eso es la oración, un momento de comunicación íntima con el Padre celestial.
> Discierne quién es él y quién eres tú, pues su nombre es santo mientras que nosotras somos seres creados.
> Pide primero por las cosas celestiales, sobre todo, por la salvación.
> A la hora de presentar tus peticiones, ten en cuenta que lo mejor para ti es que se haga su voluntad, pues él es quien realmente sabe lo que te conviene.
> Pídele que provea tus necesidades materiales mientras tú te centras en vivir una vida de fe que le dé honra.
> Pídele que te enseñe a practicar el perdón, para que él también te perdone.
> Pídele ayuda para no caer en tentación.
Amén.
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Tomado de: Lecturas Devocionales para Damas 2020
“Un día a la vez”
Por: Patricia Muñoz Bertozzi
Colaboradores: Rosita Almazo & Esther Jiménez