«Dios el Señor tomó al hombre g lo puso en el huerto de Edén, para que lo cultivara y lo cuidarán». Génesis 2: 15,
Aunque todo lo que el Señor había creado era perfecto y hermoso, y parecía que nada faltaba en la tierra creada por él para felicidad de Adán y Eva, les manifestó su gran amor al plantar un huerto especialmente para ellos. Parte del tiempo debían emplearlo en ta placentera labor de cultivar ese huerto, y otra parte en recibir la visita de los ángeles, escuchar sus instrucciones y dedicarse a plácida meditación. Sus ocupaciones no eran fatigosas, sino agradables y vigorizantes. Ese hermoso huerto había de ser su hogar.
El Señor plantó árboles de toda clase en ese jardín, para brindar utilidad y dar belleza. Algunos de ellos estaban cargados de exuberantes frutos, de suave fragancia, hermosos a la vista y sabrosos al paladar, destinados por Dios para dar de comer a la santa pareja. Había hermosas vides que crecían erguidas, cargadas con el peso de sus frutos, diferentes de todo lo que los seres humanos hayan visto desde la caída. Estos frutos eran muy grandes y de distintos colores: algunos casi negros, otros púrpura, rojo, rosa y verde claro. A los hermosos y exquisitos frutos que colgaban de los sarmientos de la vid se los llamó uvas. No se arrastraban por el suelo aunque no estaban sostenidas por soportes, pero los sarmientos se arqueaban bajo el peso del fruto. La grata tarea de Adán y Eva consistía en formar hermosas glorietas con los sarmientos de la vid, y hacerse moradas con los bellos y vivientes árboles y el follaje de la naturaleza, cargados de fragantes frutos.— La historia de la redención, cap. 2, p. 18.
Dios quería que el ser humano hallara gozo en su ocupación: el cuidado de las cosas que había creado, y que sus necesidades fueran suplidas por los frutos de los árboles que había en el huerto. […]
Si la felicidad hubiera consistido en estar ocioso, el hombre, en su estado de inocencia, habría sido dejado sin ocupación. Pero el que creó al hombre sabía qué le convenía para ser feliz; y tan pronto como lo creó le asignó su trabajo. La promesa de la gloria futura y la orden de que el hombre tiene que trabajar para obtener su pan cotidiano provinieron del mismo trono.— El hogar cristiano, cap. 3, p. 27.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: Ismael Sánchez y Silvia García
