Deberías dominar tus pensamientos. No será esto tarea fácil; no podrás llevarlo a cabo sin un esfuerzo concienzudo y aun severo. Sin embargo, Dios lo requiere de ti; es un deber que atañe a todo ser [74] responsable. Eres responsable ante Dios de tus pensamientos. Si te complaces en imaginar cosas vanas, permitiendo que tu mente se espacie en temas impuros, eres hasta cierto grado tan culpable ante Dios como si tus pensamientos fuesen puestos en práctica. Todo lo que impide la acción es la falta de oportunidad.
El soñar día y noche y hacer castillos en el aire son hábitos malos y excesivamente peligrosos. Una vez establecidos es casi imposible romperlos y dirigir los pensamientos a temas puros, santos, elevados.
Tendrás que constituirte en fiel centinela de tus ojos, oídos y sentidos si quieres gobernar tu mente e impedir que los pensamientos vanos y corruptos manchen tu alma. Sólo el poder de la gracia puede llevar a cabo esta obra tan deseable. Eres débil en este sentido.
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Libro Mensaje Para los Jóvenes
“Capítulo 18”
Por: Elena G De White
Colaboradores:Liseth Orduz & Nay Badillo
