«Nos amamos unos a otros, porque él nos amó primero».
1 Juan 4: 19, NTV
Juan se distingue de los otros apóstoles como el «discípulo a quien amaba Jesús» (Juan 21: 20). [..] Recibió muchas pruebas de la confianza y el amor del Salvador. Juan era uno de los tres a los cuales se les permitió presenciar la gloria de Cristo sobre el monte de la transfiguración, así como su agonía en el Getsemaní, y fue a él a quien nuestro Señor confió la custodia de su madre en aquellas últimas horas de angustia sobre la cruz.— Los hechos de los apóstoles, cap. 53, p. 401.
Juan buscaba afecto, solidaridad y compañía. Se acercaba a Jesús, se sentaba a su lado, se recostaba sobre su pecho. Así como una flor se embebe del sol y del rocío, él se embebía de la luz y la vida divinas.— La educación, cap. 9, p. 80.
La profundidad y el fervor del afecto de Juan hacia su Maestro no era la causa del amor de Cristo hacia él, sino el efecto de ese amor. Juan deseaba llegar a ser semejante a Jesús, y bajo la influencia transformadora del amor de Cristo, llegó a ser manso y humilde. Su yo estaba escondido en Jesús. Sobre todos sus compañeros, Juan se entregó al poder de esa maravillosa vida. [..] Juan conoció al Salvador por experiencia propia. Las lecciones de su Maestro se grabaron en su alma. Cuando él testificaba de la gracia del Salvador, su lenguaje sencillo era elocuente por el amor que llenaba todo su ser.
A causa de su profundo amor hacia Cristo, Juan deseaba siempre estar cerca de él. El Salvador amaba a los doce, pero el espíritu de Juan era el más receptivo. Era más joven que los demás y con mayor confianza infantil, abrió su corazón a Jesús. Así llegó a identificarse más con Cristo, y mediante él, las más profundas lecciones espirituales de Cristo fueron comunicadas al pueblo. [..]
Juan pudo hablar del amor del Padre como no lo pudo hacer ningún otro de los discípulos. Reveló a sus semejantes lo que sentía en su propia alma, representando en su carácter los atributos de Dios. La gloria del Señor se expresaba en su semblante. La belleza de la santidad que lo había transformado brillaba en su rostro con resplandor semejante al de Cristo. En su adoración y amor contemplaba al Salvador hasta que la semejanza a Cristo y el compañerismo con él llegaron a ser su único deseo, y en su carácter se reflejó el carácter de su Maestro.— Los hechos de los apóstoles, cap. 53, pp. 404, 405.
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Devocional Vespertino para 2024.
«Conflicto y Valor»
Por: Elena G de White
Colaboradores: José Sánchez y Silvia García
