He aquí yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad. JER 33:6.
Sundar Singh, un adolescente hindú, siempre había sido una persona sensible e inclinada hacia lo espiritual. Pero cuando su madre ‘murió, se amargó mucho.
Sundar comenzó a dar problemas en la escuela de la misión donde asistía, burlándose y molestando a los que profesaban el cristianismo. Estaba enojado contra la vida, y sin embargo, sentía la necesidad de encontrar a Dios de alguna manera. Una noche su inquietud se tornó en desesperación, y lloró: “Oh Dios, si es que ay un Dios, revélate a mí antes que yo muera”. Sundar tenía planeado suicidarse a menos que recibiese una respuesta.
Este apasionado joven se quedó despierto toda la noche, orando y esperando. En las primeras horas de la mañana, mientras estaba orando por última vez, de pronto una brillante luz llenó la habitación. En medio de ese fulgor estaba el rostro y el cuerpo de Jesús. Sundar no estaba esperando a Jesús —quizá a Krishna, pero no a Jesús.
El joven escuchó que su visitante le preguntaba: «¿Por cuánto tiempo me has de perseguir? He venido para salvarte… Yo soy el Camino».
Sundar cayó a los pies de ese personaje, y la visión se esfumó. Había recibido su respuesta. Ese domingo Sundar se convirtió en un consagrado creyente y más tarde en el evangelista cristiano más importante que hubo en la India. La visión fulgurante le llevó a testificar poderosamente por Cristo.
La experiencia de Sundar es similar a la del apóstol Pablo cuando Jesús lo detuvo repentinamente en camino a Damasco. Dios no siempre se nos revela a sí mismo en forma tan dramática como lo hizo con Pablo o con Sundar Singh. El raramente se revela a sí mismo de manera espectacular. Pero siempre se revela a nosotros si lo buscamos con corazón sincero.
Dios no está jugando a las escondidas con nosotros. No importa cuánto anhelemos conocerle, mucho mayor es su anhelo por revelarse a sí mismo. Dios habla de diferentes maneras. Él se muestra en los lugares más inesperados.
Sintiéndose aislado y derrotado, Moisés encontró a Dios en la zarza ardiente en el desierto de Madián. Cuando huía para salvar su vida, Elías encontró a Dios en una remota cueva. Los amigos de Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego descubrieron a Dios en el quemante infierno de un horno. David vio la obra de Dios en la majestuosidad de los cielos, y la naturaleza le habló a un pastor-rey de un Creador todopoderoso y amante. Mateo conoció a Jesús mientras recolectaba impuestos. Pedro lo conoció mientras remendaba las redes de pescar. Nicodemo lo conoció en la noche, y una mujer samaritana lo conoció al mediodía.
Mantenga sus ojos abiertos. Esté listo para escuchar su voz. Abra su corazón a su amor. Esté preparado. Usted también lo conocerá hoy en lugares inesperados. Él se revelará a sí mismo de maneras inimaginables.
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«SOBRE TIERRA FIRME»
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal

