“Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para darnos el fin que esperáis”. Jeremías 29:11
Los planes de Dios para nosotros son mejores de lo que podemos imaginar. Él es Dios del mañana luminoso, del futuro promisorio. Él puede tomar nuestros sueños rotos y reconstruir nuestras vidas.
Tiene el asombroso poder de reconstruirlas. Es el Dios de los nuevos comienzos. Una joven —a quien llamaré Leslie— se dirigió por carta a las oficinas de nuestro programa televisivo It Is Written (Escrito Está). En ella testificaba del poder de Dios para transformar completamente nuestras vidas. Decía así: “Hola soy una hija de Dios, consagrada a él, pero no siempre lo fui. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía diez años. Fui violada y me escapé de mi casa a los catorce. Estuve en distintas instituciones mentales y penales, hasta los dieciocho. Me casé, pero a los pocos años, me divorcié de mi primer esposo. Me sumergí en el alcohol y las drogas. Sufrí de maltrato en relaciones abusivas. Llegué a odiarme a mí misma y a desconfiar hasta de Dios. Me dediqué a la prostitución, a fin de obtener dinero para adquirir estupefacientes. En 1993, no tenía dónde vivir y me casé con otro adicto a las drogas. Más de una vez pensé en suicidarme. En 1994, tras un segundo divorcio, toqué fondo y decidí entrar a un programa de rehabilitación. Allí conocí a John. Cuando dejamos el centro de rehabilitación, nos mudamos a un apartamento y conseguimos trabajo. Parecía que al fin estábamos bien. El problema era que no teníamos con qué reemplazar las drogas y el alcohol, y en cuatro meses caímos de nuevo en ellos.
“Una noche, tras enojarnos y discutir, conversamos, ya en calma, sobre lo que habíamos aprendido acerca de un poder superior. Nos arrodillamos y pronunciamos las oraciones más sinceras de nuestras vidas. Al día siguiente, cuando a solas John se sintió tentado a beber licor, oyó claramente una voz que parecía provenir de alguien parado junto a él. La voz le dijo: ‘Tú me pediste que te quitara esto, y yo lo hice’. A partir de entonces, comenzamos a leer la Biblia y a mirar programas cristianos por televisión.
“Nuestro viaje a la verdad comenzó en julio de 1995. En agosto, recibimos un panfleto por correo, acerca de un seminario sobre el libro de Apocalipsis, que se iba a ofrecer en un hotel cercano. Para nuestro deleite, todo lo que se enseñaba provenía de la Palabra de Dios. No nos perdimos ni una noche. Aceptamos todas las verdades que se nos presentaron. La mano de la Providencia nos había guiado a su pueblo remanente, la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nos casamos y nos bautizamos a fines de 1995. Disfrutamos ahora de nuestra nueva vida juntos, en la esperanzada anticipación de la segunda venida de Cristo. ¡Gracias por su participación en nuestra conversión!”
¡Qué testimonio! En verdad, Dios puede “hacer infinitamente más que todo cuanto pedimos o entendemos, por el poder que opera en nosotros’ (Efe. 3:20).
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Lecturas Devocionales Familiares 2023
«SOBRE TIERRA FIRME »
Por: MARK FINLEY
Colaboradores: Familia Mariscal & Paty Solares
