“Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo”. ROMANOS 15:13.
Nos encontramos en un momento de la historia en el que es fácil perder la esperanza en medio de los peligros del mundo. Un breve estudio de los siglos pasados nos recordaría que nuestra era no es la peor, ni la más oscura ni la más malvada que nuestro mundo ha vivido. Sin embargo, nuestra perspectiva limitada sí nos inclina a preocuparnos, distraernos y angustiarnos.
Por tanto, haríamos bien en leer las palabras del apóstol Pablo como una oración indirecta para nuestra vida diaria: que el Dios de la esperanza nos conceda ánimo en momentos de temor e
incertidumbre, y nos llene de todo gozo y paz.
El libro de Romanos, el tratado teológico más importante de Pablo, fue escrito para una congregación diversa en Roma que consistía de judíos y gentiles, hombres y mujeres, ricos y pobres,
todos en diferentes niveles de madurez. Al llegar al final de esta gloriosa carta, Pablo deseaba llamarlos a vivir confiadamente como creyentes marcados por una esperanza distintiva y abundante.
Solo podemos encontrar esta esperanza conociendo a nuestro Dios. Él es nuestro Dios de laesperanza por dos razones.
Primero, Él es el Dios que genera esperanza en nosotros. Su Palabra “para nuestra enseñanza se escribió” (Ro 15:4), de manera que podamos considerar Su fidelidad que no cambia y aprender
de ella. La esperanza, la perseverancia, el ánimo y la paz no son lujos que están fuera de nosotros; en cambio, al darse a Sí mismo y al morar en nuestro corazón mediante Su Espíritu, Dios nos da
todas estas cosas que fluyen desde nuestro interior.
Segundo, Él es también el objeto de nuestra esperanza. El profeta Jeremías dijo en medio de sus propias terribles circunstancias: “‘El Señor es mi porción… Por tanto en Él espero’” (Lm
3:24). El salmista concluyó lo mismo en respuesta a las circunstancias desalentadoras que lo rodeaban: “Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y
mi porción para siempre” (Sal 73:26). En otras palabras, no importa cuánto tiempo duren las dificultades en nuestra vida; si tenemos a Dios, Él es nuestro por la eternidad y es suficiente para
toda la eternidad.
Así pues, el Dios a quien conocemos en la Escritura es el Dios de la esperanza, una esperanza que no es superficial ni pasajera. Nuestro Salvador eterno es fiel todo el tiempo.
Al enfrentarte a una crisis, pronto descubrirás dónde está puesta tu esperanza. Si tu fe descansa en las promesas de Dios, entonces tu esperanza estará fundamentada en estas promesas y
no terminarás decepcionado. La esperanza abundará aun en medio de las pruebas de la vida. No importa lo que el temor busque poner delante de tu vista; puedes saber con toda seguridad que tu
Dios, quien creó este mundo y te trasladó de muerte a vida, te preserva y sustenta por Su poder. Solo en Dios podemos hallar una esperanza verdadera. Y, al mirarlo, nosotros mismos podemos ser llenos de todo gozo y paz… hoy y todos los días, hasta la eternidad.
SALMO 46
Lecturas Devocionales Familiares 2026
« LA VERDAD PARA VIVIR (365 DEVOCIONALES DIARIOS)»
Por: ALISTAIR BEGG
Colaboradores: Familia Mariscal y Karla González
Para Más Meditaciones Visita: www.meditacionesdiarias.com
kebo88 | slot online | slot gacor
kebo88 | kebo88 | kebo88 | slot gacor | slot gacor | slot gacor
