martes , 23 junio 2026
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Notas de Ellen G. White

EL CRISTIANO Y EL TRABAJO

A Adán  fue dada  la obra de cuidar el jardín.  El Creador  sabía que Adán no podía  ser feliz sin ocupación. La belleza del huerto le deleitaba,  pero esto no bastaba. Debía tener trabajo  que diera ejercicio a los admirables órganos  de su cuerpo. Si la dicha hubiese consistido  en estarse sin hacer nada, el hombre,  en su estado de inocencia, habría sido dejado sin ocupación.  Pero  el que creó al hombre  sabía qué le convenía  para ser feliz; y tan pronto  como  lo creó le asignó su trabajo. La promesa  de la gloria futura  y el decreto  de que el hombre  debe trabajar para  obtener  su pan cotidiano provinieron del mismo trono…

Los  ángeles  se  deleitan  en  un  hogar  donde  Dios  reina  supremo, y donde  se enseña  a los niños  a reverenciar  la religión,  la Biblia  y al Creador.  Las  familias tales pueden aferrarse  a la promesa: »Yo  honraré a los que me honran».  1   Samuel 2: 30. Y cuando de un hogar tal sale el padre a cumplir sus deberes diarios, lo hace con un espíritu enternecido  y subyugado  por la conversación  con Dios (El hogar cristiano, pp.  23, 24).

Enseñemos a nuestros  hijitos a ayudamos  mientras  sus manos  son pequeñas  y  sus  fuerzas  son  escasas.  Impresionemos  en  su  mente  el hecho  de que el trabajo ennoblece,  que el cielo lo dispuso  para el hombre,  que  le fue  dado  a Adán  en el Edén,  como  una parte  esencial  para el desarrollo perdurable de la mente  y el cuerpo. Enseñémosles que el placer  inocente  nunca  satisface  tanto  como  cuando  sigue  a un trabajo active  ( Conducción del niño, p.  117).

La vida  de Cristo,  desde  sus más tempranos  años,  fue una vida  de fervorosa actividad.  Él no vivió para agradarse  a sí mismo.  Era el Hijo del Dios  infinito;  no obstante,  trabajó en el oficio  de carpintero  con su padre  José.  Su oficio  fue  significativo.  Había  venido  al mundo  como edificador del  carácter, y como  tal toda  su obra  fue perfecta. Toda  su labor material  se distinguió  por la misma perfección que transmitía a los caracteres  que estaba  transformando por su poder  divino. Él es nuestro modelo.

Los padres  debieran  enseñar  a sus hijos el valor y el debido  uso del tiempo.  Enséñeseles que vale  la pena  luchar  para hacer  algo que honre a Dios y beneficie  a la humanidad. Aun en sus tempranos  años pueden ser misioneros para Dios (Palabras de vida del gran Maestro, p.  280).

Cristo ha dado a todos la obra de ministrar.  Él es el Rey de la gloria y,  sin embargo, declara: «El  Hijo  del  hombre no vino para ser servido, sino para servir». No obstante ser la Majestad del cielo, estuvo dispuesto a venir a esta tierra para hacer la obra que su Padre le había confiado. Él ennobleció  el  trabajo. Trabajó con sus manos como carpintero para darnos un ejemplo de laboriosidad. Desde una edad muy temprana desempeñó  su parte en el sostén de la familia. Se daba cuenta de que constituía  una  parte  en  la  sociedad  de la familia,  y voluntariamente cargó con lo que le correspondía  (Mensajes para los jóvenes, p.  148).

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Notas de Ellen G. White para la Escuela Sabática 2020.
4to. trimestre 2020 “COMO INTERPRETAR LA BIBLIA”
Lección 11: «EL CRISTIANO Y EL TRABAJO»
Colaboradores: Rosalyn Angulo & Esther Jiménez A

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